Seamos luz

 » Nadie enciende una lámpara y luego la esconde o la pone debajo de una canasta. En cambio, una lámpara se coloca en un lugar alto donde todos los que entren en la casa puedan ver su luz.

 Asegúrate de que la luz que crees tener no sea en realidad oscuridad. Si estás lleno de luz, sin rincones oscuros, entonces toda tu vida será radiante, como si un reflector te llenara con su luz».

Lucas 11: 33, 35-36 (NTV)

Al terminar esta semana en la que La Palabra nos convocó a servir a Dios sirviendo a los demás, dando lo mejor, sin prejuicios sobre otros o nosotros mismos, te quiero compartir parte de un sermón de desafío del pastor Cristian Centeno. Un llamado de Dios a enfocarnos e involucrarnos en el Reino, no por activismo sino por amor al Maestro.

Ya sea dentro del programa de la iglesia como en tu vida cotidiana, hay tanto por hacer, tantos a quienes ayudar y tanto por disfrutar en Su Presencia…

Estamos volviendo al ruedo, esto de la pandemia, el aislamiento y lo que provocó a muchos de nosotros nos movió las estructuras.

Lo que nos daba identidad y tal vez lo que nos daba seguridad seguramente nos permitirá saber quiénes éramos. ¿Por qué? Porque teníamos una función, una tarea, una rutina y la pandemia nos sacudió y nos corrió y muchos de nosotros tuvimos que volver a ponernos delante del Señor para redescubrir y entender que en realidad antes de ser maestros, pastores y discípulos, somos hijos amados.

A muchos nos cuesta tiempo volver a entender que, aunque no podíamos tener un servicio específico, o no pudiéramos ejercer ningún rol “destacado”, el Señor siempre nos usó para bendecir a otros. Muchas veces de una manera distinta, con un llamado telefónico, con un mensaje, al estar atentos y poder ver a nuestro vecino con afecto, o tratar a nuestra familia con amor, Dios se hacía presente a través nuestro.

Muchas veces no lo entendemos como un servicio al Señor, como un acto de adoración constante. Pensamos que el servicio simplemente es involucrarse en las actividades de la iglesia. Entendemos que la actividad y el servicio están dentro del templo… pero nosotros estamos llamados para que las tinieblas retrocedan del egoísmo, que la intolerancia y despreocupación no sean nuestra identidad.  Más allá de que todos tenemos problemas y buscamos a Dios, la oscuridad de la maldad está en el lugar donde el Señor te puso, donde te paró, donde te instauró, como una ciudad fortificada, como una luz que no se puede esconder y ese es el llamado que tenemos.

Es el tiempo en el que tenemos que empezar a entender que hay que vivir.

La iglesia debe estar puesta en el medio de la oscuridad, iluminando, haciendo que las puertas del mal retrocedan. Estamos llamados para hacer que la gloria de Dios sea resplandeciente, para que haya milagros a nuestro alrededor. Estamos llamados a hacer que el Reino de Dios se establezca donde nosotros estamos.

Estar juntos para adorar al Señor porque nos fortalece como cuerpo de Cristo, ponernos de acuerdo para servir y no trabajar de forma solitaria sino en unidad… Esto hace que el reino se establezca.

Jesús estableció la vida en comunidad y unidad, pero nunca dijo que la vida en comunidad es lo único que tenemos que hacer. Tenemos que tener una búsqueda personal, pasar tiempo delante del secreto de Dios para saber lo que Él tiene para cada uno, y en intimidad nos revelará el lugar, el rol y la capacidad para ponerte a disposición de la iglesia, y para que la iglesia se constituya en este tiempo de manera contundente como luz.

No te resistas a la obra del Espíritu, no te resistas… Declará la majestad del Señor, aprovechá porque se pasea con libertad alrededor de tu vida y aferrate. Hay momentos en los que uno no puede perder tiempo, se tiene que adueñar de la situación. Decile ahora al Espíritu Santo: “quedate al lado mío y enseñame de una manera distinta”.

Majestad, Señor, Papá amado, llamalo como quieras, como te sea placentero, pero no te pierdas este instante en el cual el Señor se manifiesta con los brazos extendidos, sin juicio, con una actitud de amor.

Que tu boca no pueda detener lo que hay en tu corazón. Si tenés que pedir perdón, pedíselo; si tenés que darle gracias, hacelo.

El Señor ha dispuesto este tiempo para encontrarse cara a cara con vos.