Jesús dijo también: «Con el reino de Dios sucede como con el hombre que siembra semilla en la tierra:que lo mismo da que esté dormido o despierto, que sea de noche o de día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo. Y es que la tierra produce por sí misma: primero el tallo, luego la espiga y más tarde los granos que llenan la espiga. Y cuando ya el grano está maduro, lo recoge, porque ha llegado el tiempo de la cosecha.»
Marcos 4: 26-29 DHH
La obra de Dios con nosotros continúa, Él tiene una misión para su iglesia en la tierra. Por eso este texto que también habla de la semilla, nos invita ya no a mirarnos como tierra sino como sembradores. Nos desafía a ser sembradores.
Así es el Reino de Dios. Vos y yo estamos llamados a ser sembradores.
Otra figura que la Biblia menciona es la de embajadores de Cristo
Así que, somos embajadoresen nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio denosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.
2° Corintios 5:20 RVR60
¿Qué es un embajador? Es un representante de un país en otro país. Vos y yo somos representantes del cielo acá en la tierra. Una embajada es, por así decirlo, la extensión de un país en otro territorio. Las leyes que rigen esa embajada son las del país de origen.
Él anhela que podamos sembrar para establecer Su reino y donde vos estés, en el lugar donde Dios te ponga tenés el desafío de ser su representante y establecer el Reino de Dios en cada lugar donde estás.
Juntos tenemos esa Misión y esa potestad que es dada por Dios para poder bendecir. Pero obviamente tenemos que estar conectados porque imagínense que si una embajada está en un país y no tiene nada que ver con su país de origen no va a poder representarlo. Por eso nuestro enfoque es de vital importancia. Estar en su presencia, buscarlo, porque hay misión, hay semillas que tenemos que sembrar. Y Jesús explicó que el sembrador siembra y luego continúa con su vida, la semilla nace y crece sin que él sepa cómo. Esta es una verdad espiritual muy buena, profunda e importante.
Pastor Gabriel Nonini
Yo sembré y Apolos regó, pero Dios es quien hizo crecer lo sembrado. De manera que ni el que siembra ni el que riega son nada, sino que Dios lo es todo, pues Él es quien hace crecer lo sembrado.
1° Corintios 3.6-7 DHH
Ya mencionamos días atrás que en tiempos bíblicos la siembra se hacía “al voleo”, por lo cual, si de pronto se levantaba un viento fuerte, era muy probable que las semillas fueran a parar a cualquier lado, sin embargo la agricultura no se detenía. Si llovía mucho se hacía muy difícil cosechar, no obstante, la actividad se hacía. Había altibajos, épocas de mayor o menor rendimiento, pero la vida de los labradores continuaba y la tierra seguía cultivándose. Teniendo estas realidades en mente, el autor del libro de Eclesiastés nos da un valioso consejo.
El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará.Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas.Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu mano; porque no sabes cuál es lo mejor, si esto o aquello, o si lo uno y lo otro es igualmente bueno.
Eclesiastés 11: 4-6 RVR60
La realidad actual es compleja. En el ámbito empresarial este concepto se resume en el acrónimo VUCA (Volatility, Uncertainty, Complexity, Ambiguity) y significa que nuestro entorno es volátil porque los cambios son frecuentes, rápidos y significativos; es incierto por el carácter impredecible de los acontecimientos; complejo, por la multitud de factores diversos que están interconectados y ambiguo por la dificultad que experimentamos al tratar de entender las diferentes situaciones que se presentan. Las empresas entienden que tienen que estar en constante transformación para poder dar respuesta a estos cambios incesantes que se producen.
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Podrás preguntarte: ¿Qué tiene que ver VUCA con el evangelio? Es una pregunta oportuna para hacerse, porque en estos últimos tiempos hemos comenzado a tomar conciencia de lo imprevisible que puede ser hasta aquello que creíamos más seguro. Las certezas sociales fueron y siguen siendo fuertemente sacudidas y es preciso más que nunca tener en cuenta la recomendación de “El Predicador” …nunca, nunca dejar de sembrar.
Si mirás las circunstancias seguramente serás llevado por la corriente social en una u otra dirección. Pero si seguís sembrando palabras de esperanza, acciones de bondad, compartiendo un evangelio integral mañana y tarde, sin dejar reposar tu mano, incluso con aquellos que han rechazado el mensaje en otras oportunidades, el Señor dará la cosecha abundante a su tiempo.
Terminemos esta semana repitiéndonos una y otra vez: “…nunca, nunca tengo que dejar de sembrar”.

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