Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.
Jeremías 31:33 RVR60
Como alguna vez les dije, en el Antiguo Testamento había 613 leyes que el pueblo de Israel debía cumplir. Entonces, en tiempos de Jesús, cuando las autoridades religiosas se presentaron ante Él le dijeron: “Pero ¿cuál es la más importante de todas esas leyes?” y el Señor se las resumió en dos:
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.
San Lucas 10:27 RVR60
Jesús sintetizó toda la ley en dos mandamientos. Sin embargo su enseñanza no invalidó las ordenanzas que Dios había dado a Moisés. Por ejemplo, el séptimo mandamiento dice No cometerás adulterio. Y uno puede pensar: “Ah, es la Ley ¿la tengo que obedecer o no la tengo que obedecer? Estoy dando un ejemplo sobre algo práctico, el adulterio no significa solo ser infieles a nuestra pareja. La infidelidad a Dios también es adulterio porque sustituye mi relación con Dios por otras cosas que no corresponden.
Muchas veces el apóstol Pablo habla acerca de que nosotros vivimos en la era de la gracia no de la ley, pero en esta era la ley nos provee una guía, un recordatorio que nos encauza para que caminemos hacia los propósitos de Dios.
Dios a través de la obra de Cristo me llevó a una dimensión de limpieza y de santidad que me permite también ser feliz. Si eso no sucede ¿fracasó la cruz? ¿fracasó Cristo? No. Tal vez yo me conformé con tener vida eterna y no tuve la aspiración personal de seguir profundizando para conocerlo mejor. He escuchado muchas historias de amigos míos que se quedaron en la mitad del camino por diferentes razones y me pregunto ¿por qué se quedaron en el camino? ¿Qué pasó?
Pastor Milton Cariaga
Jesús tuvo muchos problemas con las autoridades religiosas de su tiempo precisamente por el énfasis que ellos hacían en el comportamiento externo, en cumplir las leyes de Moisés y también todas las demás que habían ido agregando. Con el tiempo la devoción a Dios se había desvirtuado hasta convertirse solo en la adhesión a leyes que había que cumplir estrictamente.
De alguna manera habían olvidado el pacto que anunció el profeta Jeremías donde Dios se comprometía a cambiar la mente y corazón para que poder responder a sus leyes por decisión propia y no por imposición ajena.
Jesús obedecía al Padre porque lo amaba y deseaba hacer lo que Él le indicara y esa enseñanza la trasladaba a sus discípulos. Si leemos cuidadosamente los evangelios nunca los incitó a desobedecer ninguna ley ni religiosa ni civil, sino que las colocaba en contexto y rescataba su verdadero sentido original.
Obedecer a Dios de corazón implica madurez, si lo comparamos con el desarrollo de un niño en una familia, cuando somos chiquitos nuestros padres nos enseñan a obedecer reglas, si lo hacemos recibimos aprobación y si optamos por desobedecer es muy probable que nos pongan algún tipo de penitencia. Ahora, al llegar a una determinada edad ya no necesitamos esa guía externa. Hemos sido formados para actuar de manera responsable, los valores que sembraron en nosotros han sido internalizados y podemos expresarlos en cada uno de nuestros actos.
Dios a través de Jesús nos mostró el camino para que vivir en Su voluntad sea una posibilidad real, y quien puede valorar y decidir ser “imitador” de Él llega a desarrollar día a día esa manera de vivir en plenitud.
¡Qué bueno que por Gracia somos salvos! ¡Que bueno que cada día hay una nueva oportunidad de descubrir, andar y disfrutar una amistad que es más fuerte que las reglas, la ley y el esfuerzo!
Pero este es el nuevo pacto que haré con el pueblo de Israel después de esos días—dice el Señor—. Pondré mis instrucciones en lo más profundo de ellos y las escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
Jeremías 31: 33 NTV
Mónica Lemos
