Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.
Génesis 12.2 LBLA
(énfasis del autor)
Esta palabra solo se entiende al saber que Dios la dió en la era del juicio. Aún así, me choca un poco. Parece ir en contra de lo que siempre me dijeron de chiquita. “Dios no castiga, Dios es amor”. Conociendo la Gracia y las palabras de Jesús me incomoda pensar a Dios maldiciendo al que me maldice…
Ahora, si lo pensás como una palabra que Dios le dice a otra persona que no sos vos, vos vendrías a ser ese agente externo con poder de bendecir. Al conocer y recibir el perdón en Jesús la ley cobra otra dirección.
Vamos de nuevo… Ahora leé el versículo como dirigido a vos, te lo apropiás y te concentrás en la segunda parte, seguro que te brillan los ojos de esperanza y no te queda más que maravillarte. Vos como canal de bendición para otras familias… Y ahí es hora de detenerte y pensar: ¿qué pasa con tu familia? Y por “familia” no solo me refiero a la familia biológica, lo extiendo a otros vínculos sociales como la gente que te rodea en el trabajo, tu iglesia, tus compañeros de estudio, tus vecinos; imaginate cada una de esas personas extendiendo la bendición que vos habilitaste a sus propios círculos familiares. Hermosa visión.
Es hermosa la visión hasta que recordás cómo pueden ser esas personas en un mal día: criticonas, malhumoradas, “metepúa”, ventajeras… Todo eso lo sabés porque seguro alguna vez fuiste testigo de su maldad, o en el menos afortunado de los casos, blanco de ella. Y por herencia y contexto, tu respuesta más natural a eso sería actuar en consecuencia, devolviendo ese mal que recibiste. (Aunque también es justo pensar que vos y yo alguna vez fuimos de los que no bendicen.)
Sin embargo, siendo parte de la familia de Dios, siendo parte de la descendencia bendita que comenzó con Abraham y que Jesús habilitó para todos, hay una nueva cultura que heredamos, una nueva identidad.
Cristo no pecó nunca, y jamás engañó a nadie. Cuando lo insultaban, jamás contestaba con insultos y jamás amenazó a quienes lo hicieron sufrir. Más bien, dejó que Dios lo cuidara y se encargara de todo, pues Dios juzga a todos con justicia. Cristo hizo suyos nuestros pecados, y por eso murió en la cruz. Lo hizo para que nosotros dejemos por completo de hacer el mal, y vivamos haciendo el bien. Cristo fue herido para que ustedes fueran sanados.
1° Pedro 2. 22-24 TLA
Y me gusta pensar que Jesús, además de ser nuestra medida (muy alta, por cierto), es también nuestro mediador. Ante el conflicto, ante la maldición, es Él a quien debemos mirar no solo como ejemplo, sino también como el proveedor de esa gracia para actuar como Él espera que actuemos. Bendecir a otros aun cuando no se lo merecen corta la espiral de violencia y maldad. Bendecir a otros todo el tiempo te permite a vos heredar tu bendición y habilitarla para otros.
Pedile gracia, inspiración y dominio propio al Espíritu, viví en la convicción de que Jesús ya hizo por vos lo que te está llamando a hacer. Tu bendición se extiende a los que te rodean, y ellos la extienden a otros. En vos son benditas todas las familias de la tierra.
Ruth O. Herrera
Yanett Sokur
