Entonces, háganme verdaderamente feliz poniéndose de acuerdo de todo corazón entre ustedes, amándose unos a otros y trabajando juntos con un mismo pensamiento y un mismo propósito. No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes. No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás. Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús.
Filipenses 2: 2-5 NTV
(Énfasis del autor)
El apóstol Pablo antes de plasmar el tremendo poema que describe el amor y la renuncia de Jesús, les pide a los creyentes de Filipo que vivan, convivan y desarrollen una comunidad en unidad.
Háganlo todo sin murmuraciones ni discusiones, para que nadie encuentre en ustedes culpa ni falta alguna, y sean hijos de Dios sin mancha en medio de esta gente mala y perversa. Entre ellos brillan ustedes como estrellas en el mundo, manteniendo firme el mensaje de vida.
Filipenses 2: 14-16a DHH
Despojarse de sí mismo es imitar a Cristo. A veces, limitar nuestras libertades y ceder nuestros derechos duele. Sentimos que estamos perdiendo, que nos están pasando por encima. El orgullo se resistirá con todas sus fuerzas. Pero debemos recordar la promesa oculta en este patrón divino: el descenso siempre precede a la verdadera gloria.
Luego Jesús dijo a sus discípulos: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su propia manera de vivir, tomar su cruz y seguirme. Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás, pero si entregas tu vida por mi causa, la salvarás.
Mateo 16: 24-25 NTV
El camino para llegar arriba es hacia abajo. Cuando elegimos el camino de la unidad, elegimos una vida de servicio; cuando elegimos vaciarnos de nosotros mismos, Dios promete llenarnos; cuando nos humillamos bajo la poderosa mano de Dios, Él promete exaltarnos a Su debido tiempo.
Dar es recibir. Morir es vivir. Perder es encontrar.
La paradoja del Reino de Dios es que cuando nos vaciamos verdaderamente, somos llenos. Cuando nos limitamos por amor a los demás, experimentamos la libertad más infinita. Y es cuando miramos a Jesús, el Dios que se hizo hombre, que finalmente nos convertimos en los seres humanos que siempre fuimos destinados a ser: hermosos reflejos de Su gloria inagotable.
Vos y yo somos la iglesia, familia en Dios y cuerpo de Cristo… responsables de la unidad y la exaltación de Jesús. Atrevete a ser pequeño a los ojos del mundo para ser grande en el Reino de los Cielos. Atrevete a servir en silencio. Atrevete a amar sin condiciones.
Te invito a leer la siguiente oración y hacerla propia:
Espíritu Santo, te ruego que sigas trabajando en mí. Ayudame a restaurar la imagen plena de Dios en mi vida, a tener «el sentir que hubo también en Cristo Jesús», a vaciarme de mis propias ambiciones para poder ser llenado de Tu gracia. Ayudame para tomar la forma de siervo en mi hogar, en mi lugar de trabajo, en mi iglesia y en mi comunidad. Que cada interacción con los demás sea una oportunidad para reflejar la renuncia y el amor que me revelaste. Amén
Ruth O. Herrera
