Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto
Romanos 12:2 TLA
(Énfasis del autor)
Las Escrituras dicen claramente que cuando admitimos que somos pecadores, nos arrepentimos y reconocemos a Cristo como el único que puede darnos otra naturaleza, una nueva vida comienza. Y esa vida va desarrollándose en la medida en que permitimos que crezca el obrar del Espíritu en nuestro interior.
Cuando esta obra divina sucede, se producen cambios profundos. Ya no estamos cómodos si vivimos de la misma manera que todo el mundo: decidiendo de acuerdo con nuestros criterios o con los valores que heredamos de nuestra familia (que no son necesariamente malos, pero sí insuficientes); permitiendo que nuestros impulsos nos dominen; dejando que las ideologías de este tiempo nos moldeen.
En este propósito de ser conformados a la imagen de Cristo, Él nos dice que el Espíritu nos revelará lo que necesitemos. Esta es una promesa de la cual podemos apropiarnos.
El Espíritu Santo vendrá y los ayudará, porque el Padre lo enviará para tomar mi lugar. El Espíritu Santo les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que les he enseñado.
Juan 14:26 (TLA)
¿Se puede cambiar de manera de ser? Humanamente sí, hasta cierto punto. En Cristo, ese cambio ya sucedió: somos una nueva persona, hemos nacido de nuevo. Por lo tanto, si nos paramos en esta realidad espiritual y la creemos, podemos cambiar de manera de pensar porque ya no somos los de antes. Recibimos una nueva identidad porque hemos sido engendrados de lo alto.
Es cierto que también podemos actuar por imitación, pero tarde o temprano se notará que solo son cambios externos. Por eso es que el énfasis debe estar en el ser. Tenemos que ser distintos ¡y lo somos! Esa es una realidad concreta gracias a la obra de Cristo en la cruz. Somos de Cristo y estamos en Cristo.
Él nos da poder para vivir y movernos, y para ser lo que somos. Así lo dice uno de los poetas de este país: “Realmente somos hijos de Dios”.
Hechos 17:28 (TLA)
(Énfasis del autor)
Dios nos ha hecho hijos suyos. Poco a poco, paso a paso, nuestros actos brotarán de nuestro nuevo ser. Nuestros pensamientos cambiarán si nos movemos en la naturaleza a la que pertenecemos. Nuestra tarea diaria es permitir que la vida de Cristo se exprese en nosotros, solo a partir de ahí es posible que cambie nuestra manera de pensar y de vivir.
Si estás dispuesto, el Espíritu te dará el poder para vivir, moverte y ser quien verdaderamente sos. Es un proceso, no te desanimes. Todos los días se renuevan Sus oportunidades.
Mónica Lemos
