Sucede con el reino de los cielos como con el dueño de una finca, que salió muy de mañana a contratar trabajadores para su viñedo. Se arregló con ellos para pagarles el salario de un día, y los mandó a trabajar a su viñedo. Volvió a salir como a las nueve de la mañana, y vio a otros que estaban en la plaza desocupados. Les dijo: “Vayan también ustedes a trabajar a mi viñedo, y les daré lo que sea justo.” Y ellos fueron.
Mateo 20:1-4 DHH
Al observar esta parábola desde otro ángulo podemos pensar en el esfuerzo de trabajar en la viña, algo que hicieron notar los obreros que trabajaron toda la jornada completa. Se asemeja un poco al gusto de servir a Dios, que a veces se diluye entre las obligaciones, la falta de energía, el sentir que no podemos con todo… el agotamiento ministerial.
Ser llamado por Dios no es una invitación a la inactividad o a ser meros espectadores de Su gracia, sino un reclutamiento para el servicio activo. Y nuestra actitud marca una diferencia. Podemos ver las fallas, errores, demandas, tiempo invertido como una carga o ver todo esto como parte del proceso para la edificación del plan de Dios.
Los trabajadores de la primera hora llegaron a ver su labor como una «carga» y un «soportar el calor del día«. Su servicio se había convertido en una obligación pesada, motivada principalmente por el pago que recibirían al final. Habían perdido de vista el privilegio de trabajar para el Señor de la viña, el haber sido convocados.
El servicio cristiano no tiene que ser una tarea abrumadora y sólo hacer por un sentido de deber. Mucho menos es una transacción por ganar el favor divino. Servir a Dios es la respuesta natural de un corazón que ha sido transformado por la gracia.
Comprender la magnitud de lo que Dios hizo y hace por nosotros se convierte en el deseo, en la necesidad de servirle, y si lo hacemos por amor se convierte en una alegría, no en una carga.
Ser parte del plan es un privilegio. Enseñando, escuchando al débil, ayudando a un vecino necesitado, orando por los enfermos, ofreciendo nuestro tiempo y dones para lo que haga falta… Cada acto de servicio, por pequeño que parezca, contribuye a la gran cosecha del Señor.
Pero puede pasar… Podemos sentirnos agotados o superados por el compromiso, creyéndonos incapaces de estar a la altura. Entonces necesitamos tiempo a solas con el Dueño, volver a sentir que el verdadero privilegio es haber sido elegidos, y no mirar los resultados, como los obreros que midieron el pago.
Necesitamos detenernos en Su Presencia para recuperar la alegría del servicio.
¿Cómo describirías tu actitud en el servicio de la iglesia? Del 1 al 10… ¿Lo sentís como una carga? ¿O lo vivís como un privilegio?
Ser feliz en el servicio es clave para bendecir y potenciar a otros… ¡Que el Espíritu te llene de pasión y te revele nuevos desafíos y propósitos!
Te invito a orar: “Que cada tarea que realice sea una expresión de mi profundo amor y gratitud hacia Papá.”
Ruth O. Herrera
