Sí, siempre

Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

Salmo 23:1-3 RV1960

La esperanza incorruptible y eterna que tenemos los hijos de Dios está reflejada a través de toda la Biblia. El Antiguo Testamente está lleno de declaraciones e historias que ponen de manifiesto la fidelidad y los cuidados de Dios. Un Papá que toma riesgos para cuidar a su familia, que es capaz de darlo todo por amor… ¡ese es tu Papá!

David era como uno de esos hijos con los que los padres tienen que estar cada día atentos y hacer un seguimiento especial. Desde muchacho era especialista en meterse en líos, y Dios experto en cuidarlo y socorrerlo. Conoció sus cuidados de manera continua, por eso en uno de sus tantos poemas y canciones que describen al Señor dijo:

“El Señor es mi pastor nada me faltará”, que en el hebreo dice: nada me falta, y habla de un presente continuo. Cuando está el Señor… “¡nada!”, y afirma así la soberanía de Dios sobre su vida.

Cada frase de este salmo es la descripción clara de su experiencia: Si hay algo que te molesta, si hay algo que te angustia, si hay un enemigo que te está dando como un aguijón en la carne tenés que saber que el Señor ya preparó una mesa, aun en presencia de lo que te angustia. 

La mesa está servida y el Señor es tu anfitrión. Es así, el Señor te invita a su casa, Él es el anfitrión y nada falta cuando el anfitrión está. Y a esto podés sumarle que hay algo mejor, Su bien y Su misericordia te van a seguir, no se alejarán nunca.

Te seguirán todos los días de tú vida.

Cuando está la presencia del Señor hay sobreabundancia… y el Señor te pastoreará siempre. 

“El Señor me pastoreará siempre, en las sequías saciará mi alma y dará vigor a mis huesos y seré como huerto de riego y  como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan” “El Señor es mi pastor, nada me falta” “Cuyas aguas nunca faltan”   

El Señor estará con vos siempre porque te ama hasta el fin, y al final de esta vida seguirá rodeándote porque será el comienzo de una nueva vida de plenitud absoluta. 

Toda la Biblia lo dice y cada día Papá te recuerda que Su amor y Su fidelidad son eternos… pero es difícil vivir en la absoluta certeza todo el tiempo.

No siempre te animás a creer de esta manera.  

“Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: solo Dios basta”.

Santa Teresa de Ávila

Te comparto estas líneas del poema “Nada te turbe”, quizás puedas repetirlo y tal vez compartirlo con alguien que necesite escucharlo…

 

Ruth O. Herrera