Siempre

Sean siempre humildes, amables, tengan paciencia, sopórtense con amor unos a otros.  El Espíritu los ha unido con un vínculo de paz. Hagan todo lo posible por conservar esa unidad, permitiendo que la paz los mantenga unidos.

Efesios 4: 2-3 PDT

 

El apóstol Pablo pone la vara muy alta al escribir a la iglesia en Éfeso “¡sean siempre…!”. Todo el tiempo, a cada minuto, sin descanso, constantemente… ¿Quién es todo el tiempo amable y paciente?

Si vas por una avenida en hora pico, con dos carriles cortados y el tiempo justo para llegar a un compromiso, es muy probable que no seas todo lo paciente que Pablo aconsejó. Pero si nos detenemos a pensar que quien exhortaba a otros a ser “siempre amables y pacientes” era un hombre que vivió todo tipo de desventuras, crisis, persecución y maltrato durante su primer encarcelamiento en Roma, no tenemos excusas. Un hombre que estaba bajo arresto domiciliario, esperando su juicio ante el emperador Nerón tenía autoridad para hablar de amabilidad y paciencia.

El apóstol se dirige a la iglesia que vivía tensiones entre judíos y gentiles. Enfatiza la unidad en Cristo y la igualdad de todos los creyentes, independientemente de su origen étnico, y para lograrlo era imprescindible tener paciencia y saber entender al otro.

La persecución a los cristianos era una realidad, una amenaza constante y Pablo pastorea desde su prisión para que la iglesia sea una familia unida: “Hagan todo lo posible por conservar esa unidad”. Es la manera en que Pablo prepara a la iglesia para los desafíos y sufrimientos que podrían enfrentar.

Una iglesia que se caracteriza por la amabilidad es una iglesia atractiva y de brazos abiertos. Una congregación en la que cada uno está dispuesto a esperar los tiempos del otro con paciencia y esperanza, garantiza en gran parte el crecimiento integral.

La sociedad en general no se caracteriza por la paciencia y cada día en mayor o menor medida podemos enfrentarnos a la intolerancia, por eso es tan… tan oportuno recordar que alguien encarcelado injustamente nos diga: “siempre”.

Generalmente cuando recibo una Palabra o desafío del Espíritu Santo lo escribo en un cartel y lo pongo en mi cocina, en los lugares en los que paso la mayor parte del tiempo. Lo hago desde hace mucho tiempo porque comprobé que la repetición de una idea es muy eficaz. Así que hoy habrá en mi cocina un nuevo cartel que diga: “SIEMPRE”. Paciente, amable, humilde y capaz de soportar siempre.

No sé cuál será tu forma de activar en tu vida diaria esta enseñanza, pero es urgente que la practiques. El Espíritu Santo inspiró al apóstol Pablo y hoy te inspira de manera personal a vos.

 

Ruth O. Herrera