Durante la fiesta de la Pascua, el gobernador tenía la costumbre de poner en libertad a uno de los presos; el que el pueblo quisiera. En ese tiempo estaba encarcelado un bandido muy famoso, que se llamaba Jesús Barrabás. Pilato le preguntó a la gente que estaba allí: «¿A quién quieren ustedes que ponga en libertad: a Jesús Barrabás, o a Jesús, a quien llaman el Mesías?»
Pilato preguntó esto porque sabía que, por envidia, los sacerdotes principales y los líderes acusaban a Jesús.
Mateo 27: 15- 18 TLA
(Énfasis del autor)
Acabamos de vivir el fin de semana en que recordamos el sacrificio de Jesús. Para nosotros tiene un profundo sentido de amor, y a la vez, para cada uno de manera personal, tiene una connotación diferente según su recorrido personal.
En las páginas de la historia lo encontramos como un evento que cambió el curso de la humanidad para siempre. Pero este acto no solo marca un momento crucial en el calendario, sino que también revela el corazón mismo de Dios hacia la humanidad.
A pesar de la contundencia de los hechos, muchos no lo creen, no le dan valor y solo lo viven como un fin de semana para descansar.
No pueden ni imaginar a Jesús, el Hijo de Dios, caminando entre nosotros, compartiendo nuestras alegrías y penas. Parece muy injusto que Él, que era sin pecado, haya sacrificado su omnipresencia por quienes no le creen. Pero el perdón no es justo, porque el amor de Dios no depende de merecimientos.
Nuestro Señor tomó sobre sí mismo el peso de nuestras transgresiones por un amor inexplicable. Un amor tan profundo y puro que a muchos los lleva a la incredulidad.
La definición de sustituto que encontré explica: Persona que hace las veces de otra. Suplente. Representante. Relevo. Al leer esta definición y algunos sinónimos no encontré que describan el profundo sentido de lo que Jesús hizo por mí.
Pilato intentó convencer a la multitud de sustituir a Jesús por Barrabás, como era la costumbre cada año. Si la gente hubiera aceptado, el Mesías habría sido liberado como un reo, un asesino, pero el plan era otro porque la idea del sustituto cobra vida en el sacrificio de Jesús.
Él, el inocente, se ofreció como sustituto por los culpables. En la cruz, llevó nuestro castigo para que pudiéramos ser reconciliados con Dios. Nos dio una nueva oportunidad, un camino hacia la redención. Pero lo más asombroso de todo es que este sacrificio no fue un plan de último minuto y esto es lo que me conmueve hasta las lágrimas… ¡Siempre lo supo! ¡Era el plan original! Cada día en la tierra, al visitar cada ciudad, al enfrentarse a los que lo odiaban, convivir con quienes lo amaban, durante cada segundo supo que tendría que sacrificarse.
Desde el principio, el Padre lo había declarado, sabía que la humanidad necesitaría un salvador. Y en su infinita sabiduría y amor, el Hijo mismo se convirtió en nuestro sustituto. Jesús, quien es Dios hecho hombre, nos mostró el amor sacrificial más grande al dar su vida por nosotros.
¡Qué amor inentendible! ¡Qué tremendo pensar que fue por mí!
Ruth O. Herrera
