Sin palabras

Entonces Jesús, de nuevo profundamente conmovido en su interior, fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta sobre ella. Jesús dijo: Quitad la piedra.

Juan 11:38-39 LBLA
(Énfasis del autor)

¿Cuándo fue la última vez que la acción de Dios te dejó sin palabras?

Marta, hermana del que había muerto, le dijo: Señor, ya hiede, porque hace cuatro días que murió. Jesús le dijo: ¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra. Jesús alzó los ojos a lo alto, y dijo: Padre, te doy gracias porque me has oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que me rodea, para que crean que tú me has enviado.

Juan 11: 39a-42 LBLA
(Énfasis del autor)

¿No te lo dije ya? …¡Cuántas veces Jesús tiene que decirnos esto!

Marta sabía, pero saber no es suficiente. Al recibir una respuesta casi imposible, la alegría se confunde con el asombro… ¿cómo pudo suceder?

Hay una sincera incredulidad, que no se si podemos llamar falta de fe, que nos impide una absoluta convicción cuando solo miramos lo que vemos. Pero también hay una fe, una creencia firme para enfrentar lo imposible. Como los amigos de Daniel cuando, por su firmeza, terminaron adentro de un horno gigantesco y salieron perfectamente bien. Como si la confianza rayara con la inconciencia, solo así puedo creer lo que esos, casi adolescentes, decidieron.

Sin duda, tengo que crecer en la osadía de una fe sin condiciones, porque ¿tengo fe si estoy condicionada? Aunque tal vez sea más segura la ignorancia. Más tranquilo y confiable lo que ya conocimos del Maestro, porque conocer los sobrenatural es un desafío mucho más fuerte y profundo. Luchemos por arriesgarnos y desear conocer al Dios de lo imposible.

Cada uno de ustedes es parte de la iglesia, y todos juntos forman el cuerpo de Cristo. En la iglesia, Dios le dio una función a cada una de las partes. En primer lugar, puso apóstoles; en segundo lugar, puso profetas, y en tercer lugar, puso maestros. También hay algunos que hacen milagros, y otros que tienen la capacidad de sanar a los enfermos; algunos ayudan, otros dirigen, y aun otros hablan en idiomas desconocidos.

1°Corintios 12: 27-28 TLA

El Espíritu Santo nos asiste para hacer lo que no podemos por nosotros mismos, por eso no debería haber excusas para que la iglesia camine en las “obras que nos preparó de antemano”.

¿Cuál es tu límite?

¡Estás dispuesta/o a escuchar su grito: ¡sal fuera!

Siempre hay algo que Jesús quiere resucitar en nosotros: proyectos, profecías, sueños promesas que le hicimos y todavía no cumplimos, deseos que se murieron, convicciones del llamado personal.

 

Ruth O. Herrera