Tú mismo tienes que ser un buen ejemplo en todo. Enséñales a hacer el bien y, cuando lo hagas, hazlo con seriedad y honestidad. Di siempre lo bueno, y así nadie podrá criticarte.
Tito 2: 7-8ª TLA
Hace años leí esta historia que me impactó por la imagen que tenía de alguien que nunca conocí ni conoceré, pero lo describe en profundidad.
«Cierta mujer vio al actor Robert Redford en la puerta de un lujoso hotel. Mientras caminaba tranquilo por el hall de entrada, era imposible no ver su elegancia y su porte distinguido. Ella lo siguió hasta la puerta del ascensor y con excitación, tomo coraje y le pregunto: – «¿Es usted el verdadero Robert Redford?» Mientras la puerta del ascensor se estaba cerrando, él la miro y contestó con voz suave: – “Solo cuando estoy solo”.
La respuesta del artista fue excesivamente sincera, solo él conocía realmente al verdadero Robert. En medio de la actuación puede ser de una u otra forma, pero lejos de las luces estaba el hombre real.
Según su respuesta, solo en absoluta intimidad o con sus más íntimos allegados podía despojarse de su rol, su fama y de las miradas curiosas. Estaba condicionado al lugar en el que estuviera para mostrarse naturalmente o como una persona pública. Su forma de hablar, de gesticular, de demostrar quién era realmente no siempre coincidía con lo que el público y sus fans esperaban ver de él.
Aunque vos y yo no seamos celebridades reconocidas vivimos la misma realidad. El grupo, ambiente, entorno y hasta horario condiciona nuestra forma de actuar.
La verdad es que aun siendo auténticos todos actuamos y «somos» diferentes según las circunstancias.
Los cristianos podemos caer o resbalar con nuestras actitudes frente a los demás porque tenemos mayor conciencia de que “la gente nos lee”. Ser cartas escritas que describan el evangelio tiene mayor peso.
El actor de nuestra ilustración dijo que solo era él genuinamente cuando estaba solo, cuando no tenía que fingir o ser simpático, serio, elegante, estrella de cine o galán. Hoy me pregunto a mí misma: ¿Cuánto es lo que actúo y cuánto es lo que soy?
Hace unos días hablaba con un muchacho joven que me contaba lo difícil que le resulta mantener una buena conducta al ser fanático de su club de fútbol e ir a la cancha… Entendí perfectamente lo que me decía. Y no pude imaginar cómo diría un “gloria a Dios” cuando a su jugador preferido le hacían una falta…
¿Vos podes identificar cuáles son los lugares en que actúas de manera diferente? ¿Cuáles son las personas con las que realmente sos vos mismo? ¿Hay ocasiones donde los demás o algún factor externo modifican tu manera de hablar o moverte? ¿Sos igual con tu familia que con tus amigos?
En la cancha o el gimnasio, en la escuela, la facultad, trabajo, barrio, ¿tu manera de moverte o relacionarte refleja a Cristo? Quiénes te conocen realmente ¿ven el fruto del Espíritu naturalmente?
Ensamblar la identidad de hijos de Dios con la rutina es un desafío, pero es un ejercicio espiritual y natural que tiene mucho fruto. Lo importante es que siempre puedas ser reconocido como cristiano. Como dijimos alguna vez… “ser naturalmente espirituales”
“Deben ser personas serias. La palabra original es “semnós”, que describe al que es serio en el buen sentido. No se refiere a ser un lúgubre aguafiestas, sino a que sea una persona que sepa que vive a la luz de la eternidad, y que no pasará mucho tiempo antes que pase de la compañía de las personas a la compañía de Dios. Deben ser prudentes. La palabra original es “sófrón”, que describe al hombre que lo tiene todo bajo control. Con los años, la persona de edad debe haber adquirido esa fuerza de la razón purificadora y salvadora que ha aprendido a gobernar todos los instintos y las pasiones para que ocupen su lugar adecuado y no más”. William Barklay
Estamos en proceso… La identidad que tenés en Jesús es lo que te distingue y hace la diferencia; tu lenguaje, gestos, actitudes, todo en vos puede ser la señal de un cristiano íntegro.
Toda situación y lugar en donde te muevas es una oportunidad para «actuar» como lo hizo el Maestro.
Ruth O. Herrera
