¡Sálvame! Rescátame del poder de mis enemigos. Su boca está llena de mentiras; juran decir la verdad, pero, al contrario, mienten.
Salmo 144: 11 NTV
En el caminar de la vida cristiana nos encontraremos con voces negativas que nos condicionan y hasta cambian el rumbo que tenemos y los planes que Dios diseñó para nosotros.
Cuando Bartimeo oyó que Jesús de Nazaret estaba pasando por allí, empezó a gritar: —Jesús, tú que eres el Mesías, ¡ten compasión de mí y ayúdame! La gente comenzó a reprender al ciego para que se callara, pero él gritaba con más fuerza todavía: —Señor, tú que eres el Mesías, ¡ten compasión de mí y ayúdame!
Entonces Jesús se detuvo y dijo: —Llámenlo. La gente llamó al ciego y le dijo: —¡No tengas miedo! Ven, que Jesús te llama. El ciego tiró su manto, y de un salto se puso de pie y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: —¿Qué quieres que haga por ti? El ciego respondió:—Maestro, haz que pueda yo ver de nuevo.
Jesús le dijo: —Puedes irte; estás sano porque confiaste en Dios.En ese momento, el ciego pudo ver de nuevo, y siguió a Jesús por el camino.
Mateo 10:47-52 TLA
El ciego al costado del camino escuchaba pasar a Jesús, y sabía que algo muy bueno podía sucederle, pero las voces de quienes lo rodeaban lo desalentaban y lo ataban a su condición de ciego menospreciado. En su ceguera, lo que escuchaba podría haber sido más fuerte todavía, ya que su audición era mayor y al no tener ni siquiera una visión de la escena que pudiera alentarlo, podría haber perdido su ilusión y su futuro.
Posiblemente Bartimeo nunca hubiera siquiera fantaseado con poder ver, hasta que supo de aquel hombre que hacía milagros.
Pero justamente fueron esas voces tan negativas y de desánimo las que lo impulsaron a gritar con más fuerza y afianzaron su decisión de llamar la atención de Jesús.
Quienes quisieron atarlo a su pasado, fueron quienes más lo impulsaron.
Cuando te enfrentes con la voluntad y los desafíos divinos, tarde o temprano desde afuera y también desde adentro, aparecerán voces negativas que te impulsarán más hacia la frustración que al ánimo y al desafío, que te querrán hacer creer que no puedes, que no eres lo suficientemente capaz para realizar grandes cosas en Dios. Son esas voces que te quitan la esperanza y te recuerdan todos tus errores y defectos.
Pero como Bartimeo, vos y yo tenemos la posibilidad de centrar nuestra atención en Cristo y escuchar, aunque sea casi como un susurro, solo su voz.
Una voz, un llamado, un plan más hermoso que cada día podemos recibir de manera renovada.
Hoy te dejo esta pregunta que también me hice: ¿Cuánto influyen en mis decisiones o estado de ánimo las personas que me rodean? ¿Descubro o identifico las palabras de aliento o desánimo que me hacen dudar?
No me refiero a desestimar todos los consejos, el acompañamiento o propuestas que recibimos, pero sí de ser sabios y cada día escuchar primero la voz de Papá. Tengamos en cuenta que, incluso nosotros, con las mejores intenciones, recibimos o damos consejos y palabras que no siempre están alineadas a lo que Dios está haciendo.
Enfocate en el Único y Verdadero, quien nunca miente, y su Palabra permanece para siempre. El ejercicio de identificar su voz te hará libre de mentiras, confusiones y malos entendidos.
Dios bendice a quienes no siguen malos consejos ni andan en malas compañías ni se juntan con los que se burlan de Dios. Dios bendice a quienes aman su palabra y alegres la estudian día y noche. Son como árboles sembrados junto a los arroyos: llegado el momento, dan mucho fruto y no se marchitan sus hojas.
Salmo 1:1-3 TLA
Ruth O. Herrera
