Nehemías continuó diciendo: «Vayan y festejen con un banquete de deliciosos alimentos y bebidas dulces, y regalen porciones de comida a los que no tienen nada preparado. Este es un día sagrado delante de nuestro Señor. ¡No se desalienten ni entristezcan, porque el gozo del Señor es su fuerza!». También los levitas clamaban al pueblo y decían: «¡Cállense! ¡No lloren! Pues este es un día sagrado». Así que el pueblo se fue a comer y a beber en una gran fiesta, a compartir porciones de la comida y a celebrar con gran alegría porque habían oído y entendido las palabras de Dios.
Nehemías 8: 10-12 (NTV)
Es muy distinto ponerte alegre por una fiesta, que no está mal, a tener el gozo del SEÑOR como tu fuerza porque sobrepasa incluso tu capacidad de alegría. Esto sucede cuando te has decidido a consagrar tus días y cuando le crees a la Palabra de Dios.
Yo sé que es difícil, a lo mejor, recibir esto y ponerlo en práctica, pero deseo que Dios te dé no solo la sabiduría sino la fuerza para poder hacerlo porque dice definitivamente Nehemías que el gozo del SEÑOR es nuestra fuerza.
Pastor Hugo Herrera
Nehemías despidió al pueblo con la indicación de que fueran a sus casas a celebrar. El pueblo hizo una gran fiesta y además regaló porciones de comida a aquellos que las necesitaban. La orden de compartir con los que tenían menos recursos siempre estuvo en el corazón de Dios.
Hay una relación muy íntima aquí entre el escuchar y entender la Palabra del Señor y la celebración posterior en comunidad. Después de recuperar la posibilidad de escuchar la lectura y explicación de la Ley lo que seguía era celebrar un gran banquete, comer manjares deliciosos. Esta versión ubica el hecho el día 8 de octubre del 445 a. C.
Al otro día los jefes de familia volvieron a reunirse con Esdras, los sacerdotes y los levitas para seguir repasando la Ley más detalladamente. De este modo descubrieron que el Señor le había ordenado a Moisés hacer otra fiesta.
Deberás celebrar este festival al Señor cada año durante siete días. Esta es una ley perpetua para ti, que se cumplirá en el mes establecido de generación en generación. Durante siete días deberás vivir en pequeñas enramadas. Todos los israelitas de nacimiento deberán vivir en enramadas. Esto le recordará a cada nueva generación de israelitas que yo hice que sus antepasados vivieran en enramadas cuando los rescaté de la tierra de Egipto. Yo soy el Señor tu Dios».
Levítico 23: 41-43 (NTV)
(Énfasis del autor)
¿Te imaginás la alegría de la gente? No solo habían vuelto a su patria, sino que recuperaban sus celebraciones tradicionales, comunitarias, aquellas que Dios les había ordenado para que recordaran Sus hechos poderosos en favor de un grupo de esclavos que en ese tiempo no eran nación. La Biblia aclara que esta fiesta no se había celebrado desde los días de Josué.
¿De qué manera asociamos el redescubrir la Palabra con la alegría, la celebración y el compartir con los necesitados?
Ahora, mientras escribo pienso que de alguna manera hemos perdido el sentido de la palabra fiesta en este sentido. La propuesta de la sociedad en la que vivimos suele ser un concepto muy diferente, que puede incluir excesos de todo tipo que anestesian o aturden en lugar de permitir el disfrute y el compañerismo.
Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo.
Romanos 14:17 (LBLA)
La propuesta de Papá es que celebres, que festejes, no que te aturdas o te evadas de la realidad por unas horas o incluso una noche entera. La alegría que viene del cielo, que nosotros llamamos gozo, es mucho más profunda y duradera. El Nuevo Testamento la reconoce como fruto del Espíritu y superior incluso a las mejores bebidas y comidas que podamos degustar.
La clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad,
Gálatas 5:22 (NTV)
Que en este tiempo el Espíritu nos guíe para que al redescubrir la Palabra, también recuperemos el gozo de nuestra salvación y encontremos razones para celebrar y compartir.
Mónica Lemos
