Jesús nació en Belén, un pueblo de la región de Judea, en el tiempo en que Herodes era rey del país. Llegaron por entonces a Jerusalén unos sabios del Oriente que se dedicaban al estudio de las estrellas, y preguntaron: —¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos salir su estrella y hemos venido a adorarlo.
Mateo 2: 1-2 DHH
(Énfasis del autor)
La pregunta de los sabios a Herodes, “¿Dónde está el niño que ha nacido rey de los judíos?” es una pregunta que resuena a través de los siglos.
¿Dónde puedo encontrar al Rey?
Si hoy se escuchara la pregunta que los sabios le hicieron al rey seguramente escucharíamos la voz de alguien decir: “en Belén”, porque allí nació el Salvador. Esta respuesta no tiene un sentido de pertenencia, no compromete a nadie, no involucra con nada, es un dato, es solo el nombre de una ciudad. La pregunta que debemos responder es: ¿Dónde está mi Rey? Una pregunta que deberíamos respondernos todos los días.
Es una pregunta que nos desafía a buscar a Jesús en nuestras propias vidas. En el año 2024, esta pregunta es especialmente relevante. En un mundo lleno de distracciones, ¿dónde encontramos a Jesús? ¿Cómo buscamos al “niño”?
La búsqueda de los sabios nos muestra que encontrar a Jesús requiere un esfuerzo deliberado. No es algo que suceda por casualidad o por accidente.
Los sabios viajaron desde lejos, guiados por una estrella, en busca del niño Jesús. Del mismo modo, debemos hacer un esfuerzo consciente para buscar a Jesús en nuestras vidas.
La urgencia de encontrarnos con Jesús es palpable en la historia de los sabios. Ellos entendieron que Jesús no era un rey ordinario, sino alguien digno de adoración. En el año 2024 esta urgencia es aún más crítica. En medio de una realidad que nos absorbe y no nos da demasiado tiempo, ir al encuentro de Jesús no es solo una cuestión de fe, sino también de acción. Requiere que vivamos de acuerdo con sus enseñanzas de manera que el Rey gobierne nuestros días.
Encontrar a Jesús significa vivir una vida que refleje el compromiso que eso conlleva.
Es seguro que hubo un día especial en tu vida en que lo encontraste, te acercaste y tuviste tu primer encuentro con Jesús, el día que de verdad naciste de nuevo. Y ese niño fue tu propio niño Rey. Su nacimiento se plasmó en tu interior… nació en vos y empezaste una nueva vida. No fuiste al Belén geográfico, fuiste a su misma presencia, a conocer al Salvador.
En conclusión, la pregunta de los sabios a Herodes nos desafía a buscar a Jesús con diligencia y a vivir de acuerdo con sus enseñanzas. En el año 2024, que cada uno de nosotros pueda decir con confianza: “Encontré al niño. He encontrado a Jesús y ya tengo Rey”.
Ruth O. Herrera
