El reino del cielo es como un tesoro escondido que un hombre descubrió en un campo. En medio de su entusiasmo, lo escondió nuevamente y vendió todas sus posesiones a fin de juntar el dinero suficiente para comprar el campo.
Mateo 13:44 NTV
Esta es la historia de un tesoro escondido. En la época de Jesús era una práctica común enterrar tesoros en los terrenos, como medida de seguridad, pero parece ser que la persona que había escondido el tesoro de la parábola, nunca volvió a desenterrarlo.
Seguramente lo hizo con la esperanza de volver algún día y desenterrarlo, pero probablemente fue un trabajador quien lo descubre inesperadamente. Su reacción fue inmediata y vuelve a esconderlo y decide vender absolutamente todo lo que tenía para poder comprar ese campo.
No se nos dice quién es el hombre, ni qué estaba haciendo en el campo, ni cómo encontró el tesoro ni en qué consiste este tesoro. Lo único que sabemos es que lo encuentra, lo vuelve a tapar y a continuación decide comprar el lugar. Según los textos antiguos que tratan de estos asuntos pareciera que no había nada moralmente malo en su acción, sino que por haberlo encontrado tenía derecho a él.
El énfasis está puesto en el reino de los cielos como algo sumamente valioso y que provoca tanta alegría como encontrar riquezas materiales que resuelvan nuestra vida para siempre.
Tal vez, como aquel hombre, nosotros hayamos encontrado inesperadamente el tesoro que significa conocer a Jesús en quien el reino es manifestado en forma plena, pero el resultado es que revierte todo el orden de prioridades.
Vale la pena invertir todo lo que tenemos para disfrutarlo.
Muchos de los que se agolpaban para oír las enseñanzas de Jesús en ese tiempo tal vez escucharon hablar de Él por casualidad en. Varias ocasiones los evangelios mencionan que su fama crecía a medida que la gente se enteraba de sus milagros. La gente común lo escuchaba con gran alegría y aquellos a quienes Él llamó inmediatamente dejaron todo por seguirlo.
Anteriormente Jesús ya había hablado de tesoros:
No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.
Mateo 6:19-21 NTV
(Énfasis del autor)
El principio subyacente es dar prioridad a lo que es realmente valioso, en invertir todo lo que tenemos en ello. Ser libres de la necesidad compulsiva de acumular cosas materiales como fuente de seguridad, ya que son cosas que se destruyen con el tiempo o que otro nos puede quitar, además del hecho de que se llevan consigo gran cantidad de energía emocional que podría estar dispuesta para vivir de acuerdo a los valores del reino.
Esta necesidad de tener cosas es humanamente natural y Jesús no está diciendo que debemos vivir despreocupadamente dejando de proveer para las necesidades de los que amamos, sino que le demos a cada cosa su verdadero valor. En el caso de aquellos que somos suyos, la indicación es que busquemos en primer lugar Su Reino y Él se va encargar de añadir lo que necesitamos
Mónica Lemos
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