Uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús, era Andrés, hermano de Simón Pedro. Al primero que Andrés se encontró fue a su hermano Simón, y le dijo: —Hemos encontrado al Mesías (que significa: Cristo). Luego Andrés llevó a Simón a donde estaba Jesús; cuando Jesús lo vio, le dijo: —Tú eres Simón, hijo de Juan, pero tu nombre será Cefas (que significa: Pedro).
Juan 1: 40-42 DHH
Jesús armaba su equipo. Camino de una ciudad a otra buscando hombres en quien reproducirse. En mi imaginación veo al Maestro atento, observando, descubriendo en diferentes lugares y ámbitos a quienes Dios le había apartado.
Esta no era la primera vez que Jesús se encontraba con estos pescadores, la segunda fue intencionalmente a la orilla del lago donde pescaban. Ya los había descubierto… o ellos lo habían descubierto a Él. Hubo un tiempo entre la primera charla y el llamado que seguramente fue propicio para ellos al aceptar una invitación tan extraordinaria.
Jesús pasaba por la orilla del Lago de Galilea cuando vio a Simón Pedro y Andrés, dos hermanos que eran pescadores. Mientras ellos pescaban con sus redes, Jesús les dijo: «Síganme. En lugar de pescar peces, les voy a enseñar a ganar seguidores para mí.»
En ese mismo instante, Pedro y Andrés dejaron sus redes y siguieron a Jesús.
Jesús siguió caminando por la orilla del lago y vio a Santiago y a Juan, otros dos hermanos que también eran pescadores. Los dos estaban en una barca arreglando las redes, junto con su padre Zebedeo. Jesús llamó a los dos. Ellos salieron de inmediato de la barca, dejaron a su padre y siguieron a Jesús.
Mateo 4: 18-22 TLA
Inevitablemente la terea de discipular lleva un proceso. Diferentes tiempos de maduración y descubrimiento. Llevar a otros, acompañarlos a conocer a Jesús, ayudar en su desarrollo nos constituye en madre/padre espiritual de otros así que sufrimos sus dolores y disfrutamos sus alegrías. Es como estar gestando esa persona tal como Cristo lo hizo con sus discípulos y con nosotros.
Somos llamados con propósito y nuestra misión es formar y entrenar a quienes asumimos como discípulos de Cristo.
Acompañar a quienes ayudamos a crecer en la fe es clave porque no se es de Cristo solo en la iglesia, la vida es transformada integralmente en la transformación de cada área de la vida. Por supuesto esto no significa manejar la vida de nadie ni decidir por otros, pero la cercanía crea confianza para caminar juntos.
Los grupos pequeños, como las redes de nuestra iglesia, son un nido en el cual crecer, formar el carácter de Cristo, orar juntos, y desarrollar las áreas ministeriales de cada persona. Tanto quien lidera como quien participa es un discipulador en actividad según su responsabilidad.
En tiempos de mucha actividad y ocupaciones estar conectado/da a estos grupos es de mucho respaldo y cumple el deseo de Jesús. Así lo vivimos este 2022 en nuestros encuentros de redes. Disfrutamos de adorar juntos, encontrar revelación en los estudios bíblicos, compartimos la amistad, nos reímos… “nos encontramos en un mismo propósito”.
Jesús tuvo su propio grupo de red, preparo a los 12 para la vida y el ministerio integral, para andar entre la gente, y también ser los responsables de la iglesia.
En el camino no sólo fundaron una amistad, también encontraron vida plena, vida eterna.
Todos sintieron un profundo asombro y los apóstoles hacían muchas maravillas y señales milagrosas. Todos los creyentes permanecían unidos y compartían sus bienes. Vendían lo que tenían y repartían el dinero entre los que estaban necesitados. Los creyentes, compartían el mismo propósito, cada día solían dedicar mucho tiempo en el área del templo y comían juntos en las casas. Compartían la comida con sencillez y alegría, alababan a Dios y todo el pueblo los estimaba mucho. Cada día el Señor añadía a la iglesia a los que iban siendo salvos.
Hechos 2: 43-47 PDT
Ellos fueron discipulados para discipular, los encargados de enseñar desde economía hasta relaciones interpersonales.
El cristianismo es un intercambio de vida, “yo te doy mi vida Dios, vos dame la tuya”.
Como expresamos en el devocional anterior, cuando recibimos a Jesús recibimos el ADN DIVINO, pero, ¿qué hacemos con todo ese ADN dentro nuestro?, tenemos que ser enseñados, instruidos, impartidos para formar criterio en Dios, para ser transformados en su misma imagen y semejanza, no un cambio cosmético, sino una verdadera transformación de pensamiento para una mejor calidad de vida.
Ruth O. Herrera

- Oramos por cada mujer que enfrenta un embarazo no planificado y está presa del temor contemplando la posibilidad de un aborto inducido.
- Oramos para que la iglesia de Cristo entienda su rol y se involucre con esta problemática.
- Oramos por los médicos que se encuentran en las instituciones de salud, recibiendo a las mujeres embarazadas y siendo presionados a aconsejar abortos.
