Recuerda que en los últimos días llegarán tiempos difíciles. La gente se volverá egoísta, amante del dinero, fanfarrona y orgullosa. Se insultarán unos a otros, no obedecerán a sus padres, no darán ni las gracias y serán mundanos. No sentirán afecto por los demás ni estarán dispuestos a perdonarlos. Hablarán con maldad, estarán fuera de control, serán crueles y odiarán el bien. En esos mismos días, la gente traicionará a sus amigos, actuará sin pensar, se enorgullecerá de lo que sabe y en vez de amar a Dios, amará los placeres. Parecerán ser muy religiosos, pero con su manera de vivir demostrarán que en realidad rechazan servir a Dios; no te metas con esa gente.
2° Timoteo 3: 1-5 (PDT)
Pablo le escribe a su discípulo Timoteo y señala el comportamiento que tendrá la gente en el futuro. Lo cierto es que ese futuro ya llegó: es nuestro presente. Lo que observamos en nuestras interacciones cotidianas, en el ámbito en el que nos desempeñemos. Pero, ¿quiénes serán los que actúen de este modo?
En la actualidad, hay maestros para todos los gustos, algunos pueden ser sinceros, pero están sinceramente equivocados; otros tuercen la Escritura y enseñan doctrinas ajenas al espíritu de la Palabra. En medio de toda esta deconstrucción de valores, Tom Holland, un historiador no cristiano, realizó una seria y exhaustiva investigación sobre la historia de Occidente en un libro llamado Dominio. Transcribo un fragmento:
“El cristianismo es el legado más influyente y duradero de la Antigüedad, y su surgimiento constituye la revolución más radical que ha conocido la historia de Occidente. El impacto de la religión cristiana ha dejado huella en todos los campos del desarrollo humano. En consecuencia, a pesar del creciente número de personas que abandonan esta fe en la actualidad, vivir en un país moderno es vivir en una sociedad cuyos instintos y tradiciones tienen unas profundas raíces cristianas. […] explora por qué el cristianismo ha sido y es una fuerza revolucionaria y cómo ha transformado radicalmente lo que significa ser humano”.
¿Qué pasó con ese legado? Parece que va decayendo poco a poco. Convivimos con diversas ideologías que nos influyen, seamos o no conscientes de estas. El conocimiento profundo de la Palabra es imprescindible porque es fácil que la cultura nos moldee. Y es una realidad que puede afectarnos de manera imperceptible.
En realidad, a estas alturas ya deberían ser maestros; sin embargo, necesitan que alguien vuelva a enseñarles los principios más elementales de la palabra de Dios. Dicho de otro modo, necesitan leche en vez de alimento sólido.
Hebreos 5: 12 (NVI)
El llamado a transformar la realidad sigue vigente, por eso necesitamos, además de conocer la Escritura, el poder del Espíritu Santo que nos permite aplicar esos principios divinos a nuestra vida diaria.
Un ejemplo de este tipo de aprendizaje lo observamos en la vida de Jesús. Él fue llevado al desierto para ser tentado por el enemigo. A cada propuesta diabólica, el Señor respondió con la Escritura y salió de esa experiencia en el poder del Espíritu.
En tiempos oscuros, ¿los fundamentos de tus convicciones cristianas permanecen firmes? ¿Tenés la capacidad para responder de acuerdo con estos? ¿Estás viendo actuar al Espíritu como poder transformador en la vida cotidiana?
Mónica Lemos
