Todo pasa

Cuando miro el cielo de noche y veo la obra de tus dedos  —la luna y las estrellas que pusiste en su lugar—, me pregunto: ¿qué son los simples mortales para que pienses en ellos, los seres humanos para que de ellos te ocupes?  Sin embargo, los hiciste un poco menor que Dios  y los coronaste de gloria y honor. Los pusiste a cargo de todo lo que creaste, y sometiste todas las cosas bajo su autoridad: los rebaños y las manadas y todos los animales salvajes,  las aves del cielo, los peces del mar,   y todo lo que nada por las corrientes oceánicas.

Salmo 8: 3-8 NTV

(Énfasis del autor)

 

Solemos hablar del hombre en términos absolutos por ejemplo: “Esta persona es eso” o

“Ahí viene el gordo”. Pero hay una gran diferencia entre el “gordo Carlos” o “Carlos que está gordo”. 

Una cuestión es absoluta “es el gordo”, la otra cuestión es que “está gordo”, por lo tanto puede dejar de estarlo, ya que en el castellano ser y estar tienen diferentes significados.

En algún momento de la vida todos debemos pensar en “quién soy”. Este es un dilema que a veces lleva años… casi toda la vida. La búsqueda de entender quiénes somos, qué nos define.

 

El salmista se preguntaba: “¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria?” ¿Cómo es que siendo Dios te vas a acordar de un ser tan pequeño? 

 

Sin embargo, ¡qué extraordinario que aunque consideramos nuestra vida tan pequeña o que necesitamos entender quiénes somos, Dios desde el principio se ha ocupado de nosotros! 

El hombre no es como “un caso cerrado”, no se define solo por circunstancias, estados de ánimo o condiciones pasajeras. Tenemos que aprender a pensarnos y pensar en el otro entendiendo que todo pasa y dejamos de “ser gordos” cuando podemos reconocer cuál es el proceso que atravesamos

 

No es gordo… está gordo y puede cambiar. Esto es la capacidad de permitir y provocar los cambios que necesitamos.

 

Vos y yo somos la extraordinaria creación divina, hechos a imagen y semejanza de Dios. Lo cierto es que siempre estamos en proceso de creación, en proceso de realización,  en un constante proceso de cambios físicos, emocionales, sociales, espirituales.

La vida se crea, no está dada por un destino. Los astros no rigen nuestro futuro, la vida se crea cada día.

 

Lo que hagas hoy con tu vida, las decisiones sencillas y automáticas, la improvisación y lo planeado va a tener mucho que ver con lo que vivas y experimentes en el futuro. Lo que hagas hoy no queda solo en el hoy. Cada minuto se convierte en pasado instantáneamente.

 

“¿Quién soy yo?” ¿Cómo responderías a esa pregunta? Pensalo y buscá una respuesta real y justa. No somos lo que hacemos, ni somos lo que dicen que somos, entonces… ¿Quién soy yo hoy? No intento que este devocional sea una lectura filosófica sino una reflexión del día a día, de las decisiones que nos encierran o abren puertas. 

 

El salmista se cuestionó al ver la creación y estar ante el inmenso Dios al que se enfrentaba. El vernos a través del reflejo de la enormidad de Dios nos enfrenta directamente hacia la misma cuestión… Lo que hoy escribo se lo preguntó David, un hombre que no siempre actúo según quién era realmente.

 

Finitos, limitados, incapaces, incompletos ante tanta perfección, pero esta pregunta nos puede llevar directamente al corazón de Papá, a la profundidad e inmensidad de su amor. Porque ¿quién daría su vida por salvar un mosquito? Así pequeños como somos, Jesús lo hizo. Dios nos mantiene en el camino y en el trabajo eterno de perfeccionarnos, hasta llegar a su imagen perfecta.

Siempre estamos en proceso para alcanzar su gloria porque Cristo vino a restaurar nuestra imagen y nuestro ser original.

 

Inspirado en el sermón del Pastor Hugo Herrera, enero 2015

Ruth O.  Herrera