Todo

Tú, Señor, eres mi todo; tú me colmas de bendiciones; mi vida está en tus manos. Primoroso lugar me ha tocado en suerte; ¡hermosa es la herencia que me ha correspondido!

Salmo 16: 5-6 DHH
(Énfasis del autor)

Dios: igual a todo.

Al terminar esta semana meditando en renovar nuestra fe y la convicción de que no hay nada imposible para quienes esperan en Dios, el desafío es agradecer por la herencia que nos toca.

Viviendo una fe que mueve montañas y puede caminar en el proceso de recibir lo que Dios quiere darnos. Una fe real para una vida real. No como en la expectativa de ser invencibles, sino en la esperanza de que si Dios es nuestro todo, todo nos ayuda a bien.

Podemos no tener éxito en nuestra vida y aun así tener victorias en Cristo. Porque la victoria que Él nos da se manifiesta también en lo difícil. 

Si Dios es realmente mi todo no tengo pérdidas… Cristo me basta, me sostiene, me acompaña, y el Espíritu Santo me consuela y fortalece.

Vivir teniendo a Dios como mi prioridad, mi deseo, mi pasión, mi todo ya es un milagro. Dios en mi rutina, mis relaciones, mis decisiones. Dios reinando en mis pensamientos de manera absoluta: puede ser un milagro de cada día.

Que nuestra oración hoy sea de absoluto amor y dependencia para decir con el salmista:

Por eso estoy muy contento, por eso me siento feliz, por eso vivo confiado. ¡Tú no me dejarás morir ni me abandonarás en el sepulcro, pues soy tu fiel servidor Tú me enseñaste a vivir
como a ti te gusta. ¡En tu presencia soy muy feliz!¡A tu lado soy siempre dichoso!

Salmo 16: 9-11 TLA

 

Ruth O. Herrera