Todos fallamos

Todos fallamos mucho. Si alguien nunca falla en lo que dice, es una persona perfecta, capaz también de dominar todo su cuerpo.

Santiago 3: 2 (NVI)
(Énfasis del autor)

¡Qué declaración tan inclusiva! Todos fallamos mucho en lo que decimos. Si alguien nunca falla en esto, es una persona perfecta.

Vos y yo sabemos que no somos perfectos. Una de las cosas más fácil del mundo es decir algo inconveniente en el momento menos oportuno. Las palabras fluyen rápidamente. Cuando nos damos cuenta de que hemos metido la pata, ya es tarde.

El ser humano sabe domar y, en efecto, ha domado toda clase de fieras, de aves, reptiles y bestias marinas; pero nadie puede domar la lengua. Es un mal irrefrenable, lleno de veneno mortal.

Santiago 3: 7 y 8 (NVI)
(Énfasis del autor)

A lo largo de los siglos el ser humano ha conquistado territorios; ha domado bestias salvajes; ha construido edificios que nos dejan mudos de asombro; ha viajado a otros planetas y ha obtenido innumerables logros. Sin embargo, Santiago aclara que nadie ha podido, ni puede domar la lengua. Nadie. Estamos atrapados en nuestra propia impotencia.

David, desde el libro de los Salmos, nos recuerda esta gran verdad. Reconoce que necesita la ayuda de Dios.

Toma control de lo que digo, oh Señor, y guarda mis labios.

Salmos 141: 3 (NTV)

La buena noticia es que al Señor sí le importa. Él quiere gobernar toda nuestra vida. Esto incluye nuestra manera de expresarnos. Su vida habita en nosotros, los cambios en nuestro interior provienen de la nueva naturaleza que ya nos ha sido dada. Esta realidad habilita un proceso continuo en el cual vamos descubriendo quiénes somos verdaderamente, entonces podemos entregar nuestras imposibilidades y confiar en que encontraremos Su gracia que nos transforma.

Acerquémonos, pues, llenos de confianza a ese trono de gracia, seguros de encontrar la misericordia y el favor divino en el momento preciso.

Hebreos 4: 16 (BLP)

 

Mónica Lemos