Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán todos los días de mi vida,
Salmos 23: 6a (NTV)
Es frecuente el caso de que personas famosas como músicos, futbolistas o hasta líderes políticos cuenten con personas que los siguen a todas partes, los guardaespaldas. Su tarea consiste en rodearlos, abrirles paso entre la gente que suele agolparse a su alrededor, ayudarlos en cualquier necesidad y también cuidarlos de posibles peligros. En definitiva estos guardianes despejan el camino para que su jefe pueda trasladarse sin obstáculos donde quiera que vaya.
Quien compuso el salmo 23 vivía en un tiempo y una cultura muy diferentes a la nuestra, sin embargo describe con sumo detalle el cuidado amoroso de Dios en todo tiempo. Para eso utiliza dos figuras muy familiares en esa época: el pastor y el anfitrión.
Se cree que el salmista compuso este poema cuando ya era rey, obviamente no había olvidado su pasado como pastor de ovejas por eso puede hacer una comparación tan real. Él había desempeñado durante muchos años la tarea de guiar, cuidar, alimentar y defender a las ovejas. Por eso puede mencionar a Dios como “el pastor que siempre cuidará de él” de modo que David puede descansar tranquilo y confiar. Nada ha de faltarle.
El salmo continúa y de pronto aparece la figura del anfitrión que recibe a un viajero en su casa, le ofrece agua para asearse y refrescarse después del camino, vierte aceite o perfume sobre su cabeza, luego lo sienta a su mesa y despliega un menú abundante para agasajarlo.
La hospitalidad era el sello distintivo de esa cultura e incluía otras prácticas habituales, además de las que mencionamos, como la obligación de proveer protección al huésped. Mientras permaneciera en la casa, ningún enemigo podía atacarlo porque el dueño del hogar cuidaba de él.
Ahora bien, cuando el huésped se retiraba para continuar su viaje, los enemigos podían estar afuera al asecho, por eso el anfitrión no lo dejaba librado a su suerte. Proveía dos escoltas para que lo acompañaran hasta que llegara a destino sano y salvo.
¿Quiénes eran estos guardaespaldas según lo que dice el salmo? Nada menos que la bondad y el amor inagotable de Dios que lo seguirían durante toda su vida. Esa convicción le daba plena seguridad aunque tuviera que atravesar circunstancias difíciles y enfrentar a enemigos varios porque
¿Qué puede ser más fuerte que la bondad y el amor inagotable de Dios en nuestro caminar diario?
Muchas veces podemos sentirnos solos, angustiados o incluso desconcertados por dificultades que han llegado a nuestra vida y nos intimidan. En medio de la incertidumbre Papá quiere recordarte que tenés dos centinelas permanentes y poderosos que te mantendrán a salvo: Su bondad y Su amor inagotable.
Mónica Lemos
