Entonces tú cambiaste mi tristeza en baile. Me quitaste el luto y me vestiste de alegría.Que todo mi ser te alabe, te alabaré por siempre, SEÑOR.
Salmo 30:11-12 PDT
Hay textos que nos llenan de emoción, y especialmente aquellos que nos muestran a una persona que luchó para que su realidad cambiara y Papá provocó un cambio radical en su vida.
Necesitamos vehementemente creer que Dios sigue trabajando y provocando cambios en nuestra vida, familia y en esta iglesia.
El Señor hizo mucho, pero no es todo lo que Él quiere. Por eso tenemos que estar “expectantes” de un tiempo en que vendrá más obrar de Dios y más transformaciones.
Es momento de transformar nuestro tiempo reloj por el latido del corazón de Dios.
Ya sabemos que el tiempo no es igual para todos, porque hay una manera de interpretar la historia de manera muy personal en cada uno de nosotros, y no solo la historia cronológica, sino en cómo nos ha ido en nuestra propia historia. Mucho… o todo lo que vivimos a través de los años determina quienes somos hoy, y eso es justamente lo que debe enfocarnos a creer que Dios nos sigue transformando.
No pierdas ni abandones la esperanza de un futuro pleno. La confianza de que todavía podés cambiar tu lamento en alegría, tu soledad en amistad, tu frustración en victoria.
Es verdad que es difícil que algunas circunstancias cambien ya, pero la predisposición a creer en los cambios nos da una perspectiva muy diferente. Decirnos a nosotros mismos: “Dios cambiará mi tristeza en baile” así como el salmista se decía a sí mismo: “Bendice alma mía al Señor y no te olvides de sus bendiciones”. Debemos dar pasos para constituirnos en lo que fue la realidad del salmista, establecernos como hombres y mujeres que vivan esta experiencia
Ustedes se lamentarán, pero su dolor se convertirá de pronto en una alegría maravillosa. Será como una mujer que sufre dolores de parto, pero cuando nace su hijo, su angustia se transforma en alegría, porque ha traído una nueva vida al mundo. Así que ahora ustedes tienen tristeza, pero volveré a verlos; entonces se alegrarán, y nadie podrá robarles esa alegría.
Juan 16:20b-22 NTV
Hay muchos textos en la Biblia que nos animan, que nos llenan el alma de una esperanza distinta que trae el Espíritu Santo a nuestra vida.
Muchos podemos ya decir que el Señor ha cambiado nuestro lamento en baile, pero cuántas veces la vida nos plantea situaciones difíciles y nos encontramos con el desengaño porque creímos lo que a veces proclama la religión: que la vida se sana de una vez y para siempre.
¿Te acordás lo que dijimos tantas veces?… “Lo único permanente es el cambio”.
Tenés que entrar en la corriente del propósito de Dios para tu vida, la corriente de la vida que Dios quiere darte y entender que siempre, y de alguna manera, vamos a estar “sujetos a cambios”… y eso es maravilloso.
En nuestro interior esperamos que las respuestas de Dios se manifiesten, pero creemos que el baile y la danza solo tienen una fórmula: “que se cumpla lo que yo quiero”. Pero Papá quiere provocarte a que aprendas a descubrir la dinámica de su obrar y los verdaderos cambios que Dios te propone, a vivir en la esperanza de los cambios del Espíritu.
Lo que Jesús les prometió a sus discípulos fueron “cambios y más cambios”, algunos muy difíciles y duros, pero el mayor cambio, la más extraordinaria transformación era que a pesar de todo, nadie podría quitarles el gozo.
Ellos aprendieron que el gozo no está en lo que el hombre cree bueno, sino en lo que Dios “sabe que es mejor”
¿Cuántas cosas en tu vida tienen que cambiar para que creas y esta sea tu experiencia diaria? La RHEMA hoy es que en medio de cualquier situación, nada ni nadie podrán quitarte el gozo que Jesús te da.
Ruth o. Herrera
