Jesús se dio cuenta de que los discípulos querían hacerle preguntas. Entonces les dijo: —¿Se están preguntando qué es lo que quise decir? Les aseguro que ustedes se pondrán muy tristes y llorarán; en cambio, la gente que sólo piensa en las cosas del mundo se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero luego se llenarán de alegría.
Juan 16:20 TLA
(Énfasis del autor)
Esta declaración de Jesús forma parte de un discurso extenso conocido como el “discurso de despedida” que Juan escribe entre los capítulos 13 al 17 de su evangelio. Jesús lo compartió con sus discípulos en la última cena. El Maestro está preparando a sus amigos para su inminente muerte. Les habla sobre su crucifixión y muerte.
Me imagino lo duro que habrá sido escuchar semejantes declaraciones y, además, enterarse de cómo serían dispersados y enfrentarían tiempos muy díficiles. ¿Estaban listos para semejante anticipo?
No era la primera vez que lo escuchaban decir esas cosas, pero esa cena fue contundente. Sin embargo, Él también les prometió consuelo y les dio la promesa de la venida del Espíritu Santo, algo que tampoco entendieron.
Jesús… ¿No te estás contradiciendo? ¿Cómo se puede tener seguridad de que la tristeza se transformará en gozo?
«De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo.»
¡Sí!… Jesús está anticipando el dolor y la tristeza que sus discípulos sufrirían durante su arresto, juicio y crucifixión. No obstante, Él les asegura que esa tristeza será temporal y que será transformada en gozo después de su resurrección.
La imagen es poderosa, ya que refleja la transición de la tristeza profunda a la alegría radiante que seguirá a la resurrección de Cristo.
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Jesús nos asegura con palabras llenas de esperanza: «Tu tristeza se convertirá en gozo». La profunda promesa de un gozo que transforma nuestras tristezas en momentos de alegría inquebrantable. Y aunque la vida está llena de momentos difíciles, de momentos o temporadas de tristeza y dolor, Jesús no nos deja en la desesperanza. Él entiende nuestras lágrimas y nos ofrece la promesa de un gozo que va más allá de las circunstancias.
Cuando Jesús habla de convertir la tristeza en gozo lleva nuestra fe y nuestros pensamientos más allá y nos invita a confiar en su gran capacidad para transformar nuestras situaciones más desafiantes. Su promesa no es un simple consuelo; es una declaración de poder divino que opera en nuestras vidas.
Su promesa también es el desafío de que nuestras tristezas pueden ser el terreno fértil para dejar obrar al Espíritu Santo.
No solo promete un gozo momentáneo, sino la resurrección del dolor en algo hermoso y significativo en nuestras vidas.
¿Lo experimentaste alguna vez? Es una promesa, y es la clase de promesa que se cumple.
Ruth O. Herrera
