En vista de todo esto, esfuércense al máximo por responder a las promesas de Dios complementando su fe con una abundante provisión de excelencia moral; la excelencia moral, con conocimiento; el conocimiento, con control propio; el control propio, con perseverancia; la perseverancia, con sumisión a Dios; la sumisión a Dios, con afecto fraternal, y el afecto fraternal, con amor por todos.
2° Pedro 1. 5-7 (NTV)
(Énfasis del autor)
Durante toda esta semana, hemos tomado versículos de la segunda carta de Pedro y los hemos desarrollado. El lunes reconocíamos que muchas veces nuestra vida puede atravesar una especie de túnel espiritual, un lugar oscuro donde no vemos salida para nuestra situación. Es entonces cuando necesitamos recordar que tenemos que estar atentos a la Palabra como a una antorcha porque es la única que puede iluminar los momentos más oscuros que nos toque vivir y llevarnos hacia la salida que Dios quiere darnos.
Ahora bien, la Escritura puede iluminar solo aquello que nosotros le permitimos. Para eso necesitamos creerla y creerle a su Autor. Descansar en la realidad de que hemos recibido una fe valiosa, que nos fue impartida cuando Cristo vino a habitar en nosotros. No se trata de evaluar cuánta fe tenemos (la Biblia dice que cada uno ha recibido una medida de fe), sino de apreciarla y ejercerla aunque nuestros sentimientos nos digan lo contrario.
Cuando al leer las Escrituras buscamos que el Espíritu Santo nos lleve a toda verdad y nos dirija a Cristo, adquirimos un conocimiento experiencial que nos provee abundancia de gracia y de paz. Ese conocimiento es muy diferente al intelectual porque su fuente no es la sabiduría humana, sino la misma presencia del Señor que habita en nosotros. En la medida en que disponemos día tras día nuestro ser interior para “vivir a Jesús”, podemos recibir su gracia y su paz para luego extenderla a otros.
El impulsivo pescador, ya anciano, con todo el bagaje de su propia experiencia puede escribir desde una perspectiva madura y aconsejar a los creyentes, entre los cuales estamos vos y yo, para que no perdamos de vista que el poder de Dios nos habita y hace posible que tengamos todo lo que necesitamos para vivir como Él quiere.
Y, para finalizar, nos dice En vista de todo esto, esfuércense al máximo por responder a las promesas de Dios complementando su fe con… Pedro comenzó el capítulo uno recordando todo lo que el Señor ya hizo por nosotros. Por eso cierra la idea con la expresión “en vista de todo esto”. Ahora hay una parte de la tarea que nos toca a cada uno de nosotros. Podemos hacerla porque contamos con los recursos divinos que él mencionó anteriormente. El apóstol quiere dejar bien en claro que así como hemos recibido realidades y promesas de parte de Dios, también necesitamos responder de manera que podamos disfrutarlas. Para esto hay que esforzarse y complementar la fe con una breve lista de virtudes: Excelencia moral, conocimiento, control propio, perseverancia, sumisión a Dios, afecto fraternal, amor por todos
Cada una de las cualidades de esta lista está entretejida, entrelazada con la anterior. Se espera de nosotros que, como resultado de la fe que ha sido implantada en nuestro ser y del poder y las promesas de Dios que hemos recibido, trabajemos para hacer que estas virtudes crezcan y se desarrollen a medida que nuestra experiencia espiritual echa raíces y se profundiza, para luego poder dar el fruto que el Señor espera de cada uno.
Mónica Lemos
