Cuando toda la nación terminó de cruzar el Jordán, el Señor le dijo a Josué: «Elige doce hombres del pueblo, uno de cada tribu y ordénales esto: “Tomen de en medio del Jordán, donde están los sacerdotes, doce piedras, cárguenlas a través del Jordán y pónganlas en el lugar donde acampen esta noche”».
Juan 4 1- 3 PDT
¿Cuanto tiempo habrán estado los sacerdotes parados en un mismo lugar? Toda una multitud tenía que cruzar el lecho del río antes de que ellos pudieran moverse.
Dios quería que aquel milagro quedara registrado en la historia y fuera reconocido por su pueblo; no por una necesidad de ser halagado, sino para que las familias del pueblo puedan ver para agradecer.
Era un tiempo de afianzar la identidad y las bases del pueblo en desarrollo, por eso debía ser evidente el liderazgo de Josué, el respaldo a los sacerdotes y la responsabilidad de los hombres que representaban a las doce tribus descendientes de Jacob.
Entonces Josué llamó a los doce hombres que había escogido de entre los israelitas, uno de cada tribu y les dijo: «Vayan hasta el medio del río, frente al cofre del pacto del SEÑOR su Dios, y cada uno traiga una piedra sobre sus hombros. Así habrá doce piedras en total, una piedra por cada una de las tribus de Israel. Llévenlas al campamento y pónganlas ahí para que les sirvan a ustedes como recordatorio de lo que aquí sucedió. Cuando en el futuro sus hijos les pregunten: “¿Qué significan estas piedras para ustedes?”, ustedes les responderán que las aguas del Jordán se detuvieron cuando el cofre del pacto del SEÑOR cruzó el río.
Josué 4: 4-7 PDT
Estas piedras eran un altar de recordatorio, gratitud y adoración. ¿Te imaginás la cantidad de altares que deberíamos haber hecho hasta hoy por cada milagro que Dios hizo en tu vida y la mía?
Creo que la cocina, el living, la entrada y hasta la vereda de mi casa estarían completamente llenos de piedras o símbolos de recordación. Y vos, ¿cuántos altares tendrías que haber construido?
Mi salvación, mi familia, mi salud, amigos, iglesia, comida… Todo lo que tengo y disfruto es parte de los milagros que recibí desde que nací. Y ni hablar de la Presencia de Dios rodeándome y ministrándome sin parar.
Hoy te invito a hacer un altar, simbólico o real, pero algo que de alguna manera pueda hacer visible tu gratitud y reconocimiento al Señor. Hay muchas formas de hacer altares hoy de forma que otros puedan apreciar la obra de Dios en nuestra vida. Podés escribir un mensaje o hacer alguna llamada en la que le hables a otro de cómo cruzaste tu propio río Jordán.
Tal vez podés hacer un posteo en alguna red social que usás con una declaración de confianza y gratitud.
Hoy yo voy a postear:
Pero yo soy como un olivo verde que florece en la casa de Dios; yo confío en el gran amor de Dios
eternamente y para siempre. En todo tiempo te alabaré por tus obras; en ti pondré mi esperanza en presencia de tus fieles, porque tu nombre es bueno.
Salmo 52: 8- 9 NTV
Ruth O. Herrera
