Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.
Romanos 5: 5 RV1960
(Énfasis del autor)
Este pasaje nos muestra que el amor de Dios se derrama en nosotros como catarata.
No lo podemos producir por nosotros mismos. Es un regalo de Dios, una obra sobrenatural que solo puede ser implantada por el Espíritu Santo.
Cuando una persona recibe el Espíritu Santo, su forma de amar también cambia porque es una nueva criatura. Es que el amor meramente humano se basa en gran medida en emociones o en conveniencias. Solo el amor de Dios es incondicional… sacrificial, como el que Cristo desató en la cruz. Él nos dio el mayor ejemplo de amor cuando entregó su vida.
Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.
1 Juan 4:19
Su amor nos capacita para amar, aun a nuestros enemigos, para perdonar, para tener compasión por quienes nos han herido y para servir sin esperar nada a cambio.
Uno de los ejemplos más poderosos del amor que proviene del Espíritu Santo es el de Corrie ten Boom, una cristiana que sobrevivió a los campos de concentración nazis. Después de la guerra, se encontró con uno de los guardias que la había maltratado en cautiverio, y él le pidió perdón. En ese momento, ella sintió que, por sus propias fuerzas, no podía perdonarlo. Pero buscó ayuda en el Espíritu Santo, quien llenó su corazón de amor, y pudo darle la mano y perdonarlo sinceramente.
La historia narrada es breve en palabras, pero es de una profundidad e impacto absoluto. Solo quien fue maltratado, humillado al extremo, denigrado de todas las maneras posibles puede captar el milagro que ocurrió en la vida de esta misionera.
El verdadero amor que el Espíritu “derrama” en nuestro interior nos impulsa a la acción… no es pasivo.
Nos lleva a actuar, a buscar el bienestar de los demás y a compartir el evangelio con nuestras acciones antes que con nuestras palabras.
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Mateo 22:37-39
El segundo más importante mandamiento es… “semejante, casi igual, tiene la misma raíz”. Amar a otros con intensidad, con toda nuestra voluntad.
Hay muchas cristianas y muchos cristianos en la historia que pudieron manifestar un amor contundente y transformador, que sellaron personas, comunidades y generaciones. Generalmente, fueron aquellas personas que experimentaron en carne propia la declaración de Romanos 8…
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? (…) Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
Romanos 8: 35, 37 RV1960
Ruth O. Herrera
