Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida y el cuerpo más que la ropa? Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan, ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?
- Mateo 6: 25 y 26 (NVI)
(Énfasis del autor)
Esta idea de Papá como sustentador de los suyos aparece vez tras vez en las Escrituras.
¿Te acordás cuando el pueblo salió de Egipto? Dieron vueltas durante cuarenta años por el desierto, no obstante, no envejecieron sus vestidos ni se gastó su calzado. No tenían agua ni comida y Dios les envió maná, una comida exclusiva que nunca nadie más probó. Solo tenían que recoger una porción diaria, pero… ellos quisieron guardar un poco más, por las dudas.
¿Te suena conocido? ¿Vos que hubieras hecho si hubieras estado en su lugar?
Su esfuerzo no sirvió de nada. Cuando lo intentaron, esas sabrosas hojuelas se pudrieron. Excepto cuando llegaba “el finde” diríamos nosotros. El día antes debían juntar doble ración ¡ahí se conservaba intacta! para que pudieran disfrutar del día de reposo.
Luego vinieron las codornices, el agua de la roca, la salud milagrosa en tiempos de enfermedad…
Dios es el proveedor por excelencia.
Mientras escribo, de repente caigo en la cuenta de que Jesús en el texto de Mateo 6 enseña, explica y anima a confiar en Dios como proveedor ¿a quiénes? ¿Acaso a los extranjeros que estaban de visita por aquellas tierras? No. Claro.
La gente que escuchaba sus enseñanzas pertenecía al pueblo judío. La salida de Egipto, los años en el desierto, la entrada a la tierra prometida: todos estos acontecimientos formaban parte de su historia. Sin embargo, el Maestro tiene que volver a recordarles que su Padre del cielo siempre sería Su proveedor.
En este caso les da un ejemplo mucho más simple, si querés, hasta insignificante… No les hace un repaso por sus orígenes como nación, sino que reduce la idea al máximo, de modo que cualquiera pudiera entenderlo.
La propuesta es que solo miren a su alrededor.
Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan, ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?» ¿Y por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan; sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos. Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe?
- Mateo 6: 26; 28-30 (NVI)
(Énfasis del autor)
Cuando terminé de leer este texto pensé que un conferencista que conozca su materia y domine algunos recursos de oratoria puede seducir a su auditorio. Jesús, en cambio, deslumbra con una simple referencia. Cuando su voz pronuncia “Salomón”, inmediatamente resuena en la mente de sus oyentes el recuerdo del soberano más sabio y más rico que tuvo Israel; nada menos que el que construyó el templo que David no pudo edificar.
Por si fuera poco, primero menciona a los lirios del campo, Salomón es el ejemplo que utiliza para la comparación. La provisión divina es constante, en tiempos de escasez o de abundancia.
Dios alimenta a los pajaritos y viste a los lirios. ¡Cuánto más a las personas a quienes Él ama! Aunque sepa que nos cuesta confiar.
Este pasaje es súper conocido y predicado, pero nos resulta difícil de creer. Por algo Cristo dijo “gente de poca fe” ¿no?
En momentos de incertidumbre económica y augurios poco favorables que escuchamos acerca de nuestro país, la dulce voz de Jesús nos pregunta ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe?
Hacé memoria de Su cuidado y provisión en tu propia vida. (Yo decido deliberadamente hacerlo) … y si aun así te cuesta confiar, mirá los pajaritos y las flores.
Nuestro papá es el proveedor por excelencia.
Mónica Lemos
