Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Pero eran tantos los que iban y venían, que ni tiempo tenían para comer. Entonces Jesús les dijo: «Vengan, vamos a un lugar tranquilo para descansar a solas.»
Marcos 6: 30-31 TLA
(Énfasis del autor)
Este relato completo es por demás conocido, es el de la alimentación de más de 5000 personas, una escena extraordinaria plasmada no solo en los evangelios, también en cada película de la vida de Jesús. Leerla o verla actuada no se asemeja a lo que realmente debe de haber sucedido e impactado a cada uno de los miles de involucrados.
Jesús y los dicípulos estaban agotados física y emocionalmente. El Maestro había sido cuestionado y descreído en su propia ciudad, y los discipúlos volvian de predicar y sanar en diferentes ciudades, una misión nueva y desafiante para ellos que todavía eran novatos. El evangelio de Lucas al relatar esta historia menciona el impacto que habían experimentado los discípulos y la alegría de Jesús de ver crecer y multiplicarse su ministerio.
Y poniendo las manos sobre los enfermos, Jesús sanó a algunos de ellos; pero no pudo hacer ningún otro milagro, pues se sorprendió mucho de que aquella gente no creyera en él.
Marcos 6: 5-6 TLA
Increíblemente, los muchachos pudieron hacer milagros que Jesús no hizo por falta de fe en Nazaret. Y seguramente ambas realidades eran agotadoras. Pero aun así eran miles los que buscaban a Jesús, quien era la personalidad del momento, hasta Herodes recibió noticias que lo alteraron y creyó que el Bautista había resucitado.
¿Te imaginás el alboroto en las calles y a Jesús tratando de encontrar un lugar donde dormir una merecida siesta? «Vengan, vamos a un lugar tranquilo para descansar a solas.»
Ellos necesitaban intimidad, sentarse a evaluar los costos y logros del incipiente ministerio de los 12. Seguramente llenos de preguntas y dudas, ansiosos por estar con el Maestro porque comenzar una nueva etapa, en la que ellos mismos hacían milagros, tenía un proceso lento.
Tengo la idea de que “estar junto al Maestro” en medio de la agitada realidad no les bastaba… les faltaba el diálogo reflexivo, las respuestas a muchas dudas, el seguir siendo enseñados y edificados. El ruido del ministerio y el ver a Jesús en acción era muy bueno… pero faltaba la intimidad. Jesús también la necesitaba y se los enseñó a sus amigos.
Esta era una parte esencial en los días de Jesús.
Cuando toda la gente se había ido, Jesús subió solo a un cerro para orar. Allí estuvo orando hasta que anocheció.
Mateo 14:23 TLA
Y levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.
Marcos 1: 35 RVR1960
Todavía hoy Jesús sigue diciéndonos: «Vengan, vamos a un lugar tranquilo para descansar a solas.» La soledad y la intimidad en la relación con Jesús son indispensables para luego salir, y El Maestro quiere provocarlas. El cansancio físico, emocional y la necesidad de nuestro espíritu solo pueden ser saciados en la profundidad de tiempos en soledad con Él, donde solo podemos escuchar su voz, leer su voluntad y descansar de nuestra humanidad. Realmente me gusta saber que Jesús me dice: “vamos” … ¿y a vos?
Ruth O. Herrera
