Un Maestro admirable

Entonces un experto de la ley se levantó para probar a Jesús: —Maestro, ¿qué tengo que hacer para tener vida eterna? Entonces Jesús le dijo: —¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lo entiendes?

Él contestó: —“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente” y “ama a tu semejante como te amas a ti mismo”. Entonces Jesús le dijo: —Tienes razón, hazlo y vivirás.

Lucas 10: 25-28 PDT

Jesús se mostró siempre comprensivo y a la vez determinado a no mirar para otro lado a pesar de las confusiones y la falta de entendimiento de quienes pretendían seguirlo. Conocedor de los tiempos de cada persona, esperaba a sus discípulos en sus procesos de madurez en la fe. Sin embargo, no detenía su plan de alcanzar a las personas con el mensaje de salvación.  

Después de esto, Jesús fue al otro lado del Lago de Galilea, también conocido como lago de Tiberias. Mucha gente lo seguía, pues había visto los milagros que él hacía al sanar a los enfermos.

Juan 6: 1-2 TLA

Jesús tenía esa rara habilidad de tratar a las personas de manera personal mientras lo seguían multitudes. Su paciencia y confianza en sus amigos parecía sin límites, pero al mismo tiempo marcaba claramente que seguirle no era una cuestión de privilegios, y que no se podía seguirlo en los propios términos, sino tal y como él mismo lo hacía con el Padre: en dependencia absoluta.

Cada respuesta que daba mostraba que el primero en “dejar que los muertos entierren a sus muertos” era Él, que quien antes ponía la mano en el arado también era Él, y que quien estaba dispuesto a “perder su vida para ganarla” antes que otro lo hiciera, era Él.

No volvía sobre sus pasos, “no miraba hacia atrás”. Sabía soltar a tiempo la frustración de ser incomprendido y de ser abandonado.

Jesús estaba consciente de que sus discípulos se quejaban, así que les dijo: «¿Acaso esto los ofende? ¿Qué pensarán, entonces, si ven al Hijo del Hombre ascender al cielo otra vez? Solo el Espíritu da vida eterna; los esfuerzos humanos no logran nada. Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida

 A partir de ese momento, muchos de sus discípulos se apartaron de él y lo abandonaron.

Juan 6: 61-63, 66 NTV

Siempre estaba rodeado de multitudes a las que enseñó, sanó, aceptó, pero asimismo padeció la soledad hasta el último minuto de su vida. Pese a todo, su misión era más fuerte que sus sentimientos; su pasión era agradar al Padre, y evidentemente amaba a las personas sin dejar que ellas lo condicionaran.

Admiro del Maestro su capacidad de mirar las posibilidades por sobre la oposición, sin dejarse influenciar por las voces contrarias y la desvalorización constante.

La concepción humana de triunfo es muy desgastante para aquellos que queremos servir a Dios. Depender de resultados visibles y cuantificables, estar expuestos a las actitudes volubles de las mismas personas a las que queremos servir y amar, a veces nos hace perder de vista que lo que debe impulsarnos es el propio amor de Dios en nosotros y el anhelo genuino de servirle.

Dentro del Reino están los que son más “reconocidos”, “exitosos”, “multitudinarios” o “famosos”, y es muy bueno que los haya, pero Jesús nos llamó a algo superior al éxito, nos llamó a ser como Él, a andar entre la gente, a hablar, a callar, a dar, a consolar, a servir, a compartir hasta lo más sencillo de esta vida terrenal a fin de expresar salvación eterna a todos.

No te frustres… la promesa es más grande que tu tarea. Y lo realmente importante es ser luz en tu entorno y sal para quienes te rodean.

Tu “triunfo” y el mío está en mostrar, tal como Jesús lo hizo, Su amor incondicional.    

Ruth O. Herrera