Un milagro inesperado

 En cuanto al hijo de la esclava, yo haré que también de él salga una gran nación, porque es hijo tuyo.

Génesis 21: 13

El que nunca ha vivido una crisis, que solo ve pasar la vida, que no tiene la riqueza de la fe, aquel que cayó una y otra vez pero no se volvió a levantar, no entiende esta Palabra.

Lo que te resulta difícil y entendés como una dificultad es lo que te debe recordar que: “no hay nada difícil para Dios y no es solo en el orden del milagro”.

Si vivís en el orden de “ser alumbrada, alumbrado” no solo vivirás radiante, sino que verás con los ojos de Dios. 

Ahí, frente a Agar, estaba el agua, se vislumbraba lo que vendría, el futuro. Ahí estaba el milagro de la vida, ahí estaba el ánimo de Agar. De hecho, Dios le habló a ella y los multiplicó. El ángel lo profetizó y también fueron una gran nación, aunque no había sido la voluntad primaria de Dios.

Generalmente, cuando uno no se alinea a la voluntad de Dios después pagan las consecuencias los que nos siguen, nuestros hijos, no solo del cuerpo, sino del Espíritu, y hasta los hijos de los demás. 

Por eso es necesario que levantes tus ojos al cielo, que llenes tu vida de Dios y habrá un resultado maravilloso, aunque ahora no lo veas. Aunque te caigas, te podés levantar y otra vez mirar a través de los ojos que mira Dios.

Cuando el desierto se hace interminable, las piernas pesan y la voluntad se agota, hay un pozo de bendiciones frente a vos. Quizás no sea el que deseás o estés buscando, tal vez, por no ser lo que esperabas dudes de que sea Dios quien te esté proveyendo. Pero no te apresures y date la oportunidad de probar esa respuesta. Seguramente te vas a sorprender de lo que Dios te tiene preparado.

 Pastores Hugo y Ruth Herrera