Después de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, se sentó y preguntó: —¿Entienden lo que acabo de hacer? Ustedes me llaman “Maestro” y “Señor” y tienen razón, porque es lo que soy. Y, dado que yo, su Señor y Maestro, les he lavado los pies, ustedes deben lavarse los pies unos a otros.
Entonces, ese discípulo se inclinó hacia Jesús y le preguntó: —Señor, ¿quién es?
Jesús le contestó: —Es aquel a quien le doy el pan que mojo en el plato. Y, después de mojar el pan, se lo dio a Judas, el hijo de Simón Iscariote. Cuando Judas comió el pan, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: «Apresúrate a hacer lo que vas a hacer».
Juan 13: 12-14, 25-27 NTV
(Énfasis del autor)
Judas fue discípulo de Jesús por tres años. Elegido por el Maestro para ser parte de su misión. Desde el principio tuvo las mismas oportunidades que el resto del grupo, vio los milagros, compartió la mesa y el camino cada día. Escuchó la voz de Jesús una y otra y otra vez, sintió su abrazo, conoció sus gestos, sus rasgos, fue parte del grupo íntimo al que el Maestro preparó y moldeó.
Humanamente me resulta incomprensible cómo Jesús pudo, sabiendo el final de la historia, compartir su vida con Judas. Dándole la responsabilidad de manejar las finanzas del grupo aun cuando no era honesto. Pero es ante esta actitud incomprensible que descubro un amor que va más allá de lo comprensible. El Señor por tres años le dio la oportunidad de ser honesto, le dio la autoridad de sanar y enfrentar las tinieblas, lo envió a predicar las buenas noticias. Jesús hizo silencio por amor y el cumplimiento de un Plan Superior.
En la última cena Jesús comenzó a hacer visible la traición y autorizó a Judas a “hacer lo que había planeado”, en ese momento el diablo tuvo permiso de entrar en Judas e hizo lo que en sus debilidades y tentaciones anidaban en sus pensamientos. Cuando Judas salió de la habitación, el Maestro completó la palabra que les estaba impartiendo momentos antes al lavarles los pies…
Después de que Judas se fue, Jesús dijo: —Ahora el Hijo del hombre recibe honra. Dios también recibe honra a través del Hijo del hombre. Si Dios recibe honra a través de él, entonces le dará honra al Hijo del hombre a través de sí mismo, y lo hará muy pronto. »Hijitos míos, ya no voy a estar con ustedes por mucho tiempo. Me buscarán y ahora les digo como les dije a los judíos: “No pueden ir a donde yo voy”. »Les estoy dando un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ámense tal como yo los amé. Todo el mundo se va a dar cuenta de que ustedes son mis seguidores si se aman los unos a los otros».
Juan 13: 31-36 PDT
(Énfasis del autor)
Nada fue casual, todo fue planeado en el cielo. Los once discípulos que se quedaron con Jesús no eran perfectos, pero a pesar de ellos mismos eligieron seguir los pasos del Maestro
Todos somos libres, tenemos poder de elección para decidir a quién escuchar y obedecer. Libres para amar o no, para defender a nuestros hermanos y provocar la unidad que Jesús nos pide. La crítica, el comentario “casual”, la verdad a medias, los celos, los lugares de privilegio… y muchas otras formas desdibujan y destruyen la verdadera unión del cuerpo de Cristo.
Puede ser una palabra trillada, pero no amar como Jesús nos amó es una forma de traicionar y obstruir el Plan Superior. Vos y yo tenemos el gran desafío de ser uno… a pesar de todo.
Ruth O. Herrera
