Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua. Y Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, preparadnos la pascua para que la comamos. Ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que la preparemos? Él les dijo: He aquí, al entrar en la ciudad os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare, y decid al padre de familia de esa casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? Entonces él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad allí. Fueron, pues, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua.Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios.
S. Lucas 22:7-16 RVR60
(Énfasis del autor)
Durante estos días recorreremos juntos la última semana de vida de Jesús.
Generalmente ninguno de nosotros sabemos cuándo vamos a morir. Vivimos nuestra vida sin ser conscientes del tiempo que habitaremos esta tierra. Jesús sin embargo, tenía perfecta claridad de que su hora había llegado y dedicó esos últimos días a hacer las cosas que debía para que la Escritura se cumpliera hasta en el más mínimo detalle.
Eso no significaba que como hombre no deseara la cercanía de sus amigos ni que renunciara a celebrar las fiestas sagradas. Él cumplió con todas las costumbres y conmemoraciones, no por obligación sino dándoles su verdadero significado.
El texto que compartimos hoy nos habla de la celebración de la pascua.
Lucas nos cuenta que el Maestro envió a Pedro y a Juan para que se encargaran de todos los preparativos, les indicó el lugar de la ciudad, la persona a la cual tenían que ver y la casa donde cenarían. ¡Una guía sobrenatural, paso a paso!
<Entren a la ciudad… les saldrá al encuentro un hombre, síganlo hasta la casa y cuando lleguen díganle al padre de familia “el Maestro te dice…”> Los dos discípulos cumplieron todas sus instrucciones y encontraron todo, tal cual su Señor les había anticipado.
Jesús sabía que iba a sufrir, mucho, durante los días siguientes. Traiciones, injusticias, incomprensión de sus propios amigos y hasta el sentirse abandonado por su Padre.
Seguramente como judío cada año participaba de todas las fiestas comunitarias que el Padre había instituido para su pueblo. Pero esta pascua era diferente. Él no volvería a comer con sus amigos ni a participar de esa fiesta nunca más y así se los hizo saber.
Por lo que el texto registra los discípulos estaban ocupados, distraídos por otros pensamientos. Uno de ellos lo iba a entregar, y nadie sabía que era Judas, por el contrario, conscientes tal vez de sus propias ambivalencias discutían entre ellos. Quizás por eso el Señor les pidió que lo recordaran a través de elementos cotidianos que se convertirían en símbolos de Su amor sacrificial: pan y vino. Comieron, hablaron y también cantaron juntos.
¿Jesús estaba con quienes amaba? Sí. ¿Deseaba comer con ellos? Sí. ¿Ellos estaban con él? Sí, presentes, pero no tanto…cada uno sumido en sus propios asuntos, sin ser capaces de percibir lo que se agitaba en el interior de su Señor.
Mientras escribo esto pienso ¿Cómo pudo amar, enseñar, compartir día a día con un grupo de hombres que no tenían ni la menor idea de lo que estaría sufriendo? El amor de Jesús es tan diferente al nuestro…no lo entiendo.
Si yo estuviera sentada a la mesa con alguien que sé que va a traicionarme y se lo digo cara a cara… te aseguro que no desearía compartir nada con esa persona. Mi deseo sería tenerla lo más lejos posible. Si estoy abriendo mi corazón ante mi grupo de amigos y ellos están discutiendo cosas como quién va a ser el más exitoso entiendo que no les interesa lo que digo, me levanto y me voy.
Estos son lo grandes detalles que describen el amor de Jesús, un hombre entre hombres, pero alguien capaz de amar como sólo Dios lo hace.
Haciendo tuya la expresión y profundo deseo de Jesús: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros! te propongo que en estos días especiales separes un momento especial para agradecer Su amor incondicional y maravilloso. Yo me uno a vos… Que no sea ritual ni por costumbre por pascuas, llenemos nuestras bocas de palabras de amor renovado por “el más bello de los hombres… nuestro Señor y Salvador”
Mónica Lemos
