Los que con lágrimas sembraron, con gritos de alegría cosecharán. El que vaya andando y llorando llevando la bolsa de semillas, volverá gritando de alegría llevando manojos de trigo.
Salmo 126: 5-6 PDT
(Énfasis del autor)
Este salmo conecta las lágrimas con la alegría, la tristeza con el consuelo, el esfuerzo con la recompensa.
Revela cómo Dios invierte su habilidad divina, que transforma nuestras lágrimas en una cosecha abundante de gozo.
En el pasado, el SEÑOR hizo maravillas por nosotros, y estábamos felices de ello. SEÑOR, danos de nuevo la libertad; haz que seamos como desiertos que se llenan de manantiales.
Salmo 126: 3-4 PDT
(Énfasis del autor)
Como mencionamos ayer, nuestro pasado puede dar testimonio de victoria cuando Papá opera y extirpa el dolor.
Para todos, sin excepción, las lágrimas son inevitables. Experimentamos dolor, pérdida y desafíos que nos llevan a tiempos que nos debilitan y hasta paralizan. Sin embargo, la promesa de Jesús nos asegura que estas lágrimas no son en vano y pueden dar frutos.
Aun hoy tus lágrimas pueden caer en tierra estéril o fértil. Podés sufrir y seguir sembrando en la tierra de la fe.
Cuando lo hacemos, cuando en los días dolorosos sembramos nuestras lágrimas confiando en Dios, estamos participando en un acto de fe. Depositamos la tristeza en quien puede transformar nuestras lágrimas en una cosecha de gozo. Somos transformados en la bienaventuranza de ser felices en la tristeza. Y… otra vez no se entiende, es imposible en nuestro razonamiento, por eso nuestra arma es la fe.
Es verdad que necesitamos paciencia en el transcurso de esa transformación, puede que no veamos de inmediato la cosecha de gozo después de sembrar lágrimas. Es cuando la fe se desarrolla en la espera paciente. No elegimos el dolor, pero necesitamos aceptar que es parte de nuestra vida y entonces dará fruto.
Y… cuando finalmente llega la cosecha es tiempo de celebrar. La promesa de Jesús no solo nos transforma a través de las lágrimas, nos conduce a un lugar de esperanza, a una confianza que crece con raíces firmes y duraderas.
Si hoy sentís que este devocional te identifica es porque Papá está pensando en vos.
Y aunque no sé tu situación personal, por experiencia propia en más de una situación difícil, te aseguro que en el tiempo oportuno vas a cosechar mucho más abundantemente de los que esperas, un fruto por cada día en que sembraste lágrimas.
Y ahora, Dios, hazlo de nuevo. Trae lluvias a nuestras vidas afectadas por la sequía. Entonces aquellos que plantaron sus cultivos desesperados gritarán “¡Sí!” en la cosecha. Y los que se fueron con el corazón apesadumbrado volverá a casa riendo y con los brazos llenos de bendiciones.
Salmo 126:4-6 (MSG traducido)
Ruth O. Herrera
