Una deuda impagable

 “Acompañando el estudio de las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos juntos, también desde nuestros devocionales, esta parábola tremenda y llena de enseñanzas”.

 » Por eso el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos.  Al comenzar a hacerlo, se presentó uno que le debía diez mil monedas de oro. Como él no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su esposa y a sus hijos y todo lo que tenía, para así saldar la deuda.  El siervo se postró delante de él. “Tenga paciencia conmigo —rogó—, y se lo pagaré todo” El señor se compadeció de su siervo, perdonó su deuda y lo dejó en libertad.

Mateo 18: 23- 27 (NVI)
(Énfasis del autor)

Ayer reflexionábamos sobre una breve charla que Pedro tuvo con Jesús sobre lo que se debe hacer en un contexto de ofensa/pecado.

Esa era una gran oportunidad para explicar el reino de los cielos (un concepto sumamente abstracto) utilizando una historia sencilla, con la cual pudieran identificarse. Y Jesús comenzó a contarla:

«Por eso el reino de los cielos se parece a un rey… 

Este rey quiso poner la contabilidad en orden y el primer siervo que se presentó tenía una deuda imposible de pagar. Me pregunté ¿Cómo un siervo podía endeudarse con un rey? ¿Existía la posibilidad de que un esclavo le pidiera dinero prestado y se lo diera? Parece ser que, en esa cultura, se trataría de algún funcionario encargado de recaudar impuestos para el monarca. Tal vez comenzó pidiendo poco dinero, pero se fue endeudando cada vez más hasta que la situación se convirtió en una inmensa “bola de nieve” imposible de parar.

Para que nos hagamos una idea, en todo el imperio de Herodes se recaudaban novecientos talentos (moneda de esa época) anuales. Este hombre debía diez mil… por eso la orden fue venderlo a él, a su esposa, a sus hijos y todo lo que tenía para saldar la deuda.

Si no hacía algo rápido, él y toda su familia pasarían a ser esclavos. Perderían todo, incluso la libertad. Se puso de rodillas ¡obvio! Si había que rogar, eso haría. Pediría que le tuvieran paciencia, su intención era cumplir. No obstante, no era consciente de que ni aun esforzándose toda la vida podría pagar.

Ante este ruego, el rey se compadeció de él y ¡de qué forma! No solo le perdonó la exorbitante suma de dinero, sino que lo dejó libre.

Su ruego inicial había sido escuchado y su pedido había recibido una respuesta insólita: no debía ni una moneda. 

El casi esclavo salió de esa entrevista con un nuevo horizonte por delante. Le habían devuelto su familia, podía trabajar por un salario y volver a empezar. ¡Borrón y cuenta nueva!

Si recibieras ese regalo. ¿Cómo reaccionarías? La buena noticia es que no necesitas imaginarlo: ya está hecho. El Rey ya te perdonó tu deuda imposible de pagar y te dejó en libertad.

 

Mónica Lemos