Un día en que estaban todos juntos, Jesús, con el poder del Espíritu Santo, les ordenó: «No salgan de Jerusalén. Esperen aquí, hasta que Dios mi Padre cumpla su promesa, de la cual yo les hablé. Juan bautizaba con agua, pero dentro de poco tiempo Dios los bautizará con el Espíritu Santo.»
Hechos 1:4-5 TLA
Evidentemente el Espíritu Santo es el mejor compañero para aquel que camina en la fe. Así que ellos ahí, maravillados y atónitos, fueron al lugar donde Jesús les dijo que estuvieran en unanimidad y esperaron…
En los momentos de mover intenso del Espíritu Santo hay cosas que no entendemos. En ese contexto inicial en la iglesia primitiva, muchos no entendían nada. Todo era nuevo para una sociedad costumbrista y apegada a las reglas. Asi que en pentecostés muchas naciones se vieron sorprendidos de que personas comunes comenzaban a proclamar las buenas noticias en idiomas diferentes, como el anticipo de la propagación del Evangelio. Estaban maravillados, por supuesto, perplejos, asombrados de este mover espiritual. Y para coronar la escena, Pedro tuvo un discurso sorprendente.
Fue así como el Espíritu Santo los llenó de poder a todos ellos, y enseguida empezaron a hablar en otros idiomas. Cada uno hablaba según lo que el Espíritu Santo le indicaba.
Pero los apóstoles se pusieron de pie, y con fuerte voz Pedro dijo:
Escúchenme bien, porque voy a hablarles de Jesús, el que vivía en Nazaret. Todos nosotros sabemos que Dios lo envió. También sabemos que Dios le dio grandes poderes, porque lo vimos hacer grandes maravillas y señales
Hechos 2: 4, 14, 22 TLA
En nuestra sociedad moderna, esperar es sinónimo de pérdida de tiempo. Inmersos en la aceleración que vivimos todos los días, esperar nos pone ansiosos y nos frustra, pero las esperas activas en el Espíritu, siempre preceden a la victoria. Si no, veamos a Pedro: el que antes había negado a su Señor, un hombre tosco de palabras, tomó la iniciativa en un contexto de burla, y cuando algunos decían que estaban borrachos, dio un discurso que produjo como resultado que 3.000 personas se añadieran a la iglesia. Eso es inexplicable desde todo punto de vista, a no ser por la obra poderosa del Espíritu Santo tomando su vida.
Se habla mucho de ser canales de Su poder y Su amor, y eso está muy bien; pero en tiempos especiales es necesario aprender y persistir en esperar que venga una y otra vez el Espíritu Santo sobre nosotros y nos unja con Poder de lo alto.
Hay una gran diferencia entre ser un canal y ser una reserva o represa.
El canal recibe y va fluyendo continuamente; la represa o reserva recibe las lluvias, espera a ser llenada para fluír y cuando lo hace, el poder contenido que surge de ella es mucho mayor, tanto que puede iluminar una ciudad entera.
La pregunta que hoy te invitamos a hacerte es:
¿Qué cambios necesito hacer en mi vida para tener un tiempo diario de espera activa de la obra del Espíritu?
La obra del Señor tiene muchos canales, pero también necesita reservas.
Para poder iluminar, para seguir escribiendo la historia, necesitamos esperar a ser llenados por la “lluvia”.
