La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos.
Hageo 2:9 (RVR60)
Terminamos la semana con otro texto que se cita habitualmente. Muy conocido. Seguro lo has escuchado muchas veces en distintas ocasiones y referido a temas diversos.
Originalmente se refiere al segundo templo, ese del que hablábamos en estos días, cuya construcción lideró Zorobabel junto a otros. Para la gente de ese tiempo, los que añoraban la gloria del templo de Salomón, les debe de haber parecido extraña esta promesa. Casi imposible de cumplir. Recordemos que el segundo templo era más pequeño.
¿Cuál fue esa gloria mayor? Buscando respuestas en internet llegué a saber que siglos más tarde, ese templo continuaba en pie, y en sus atrios estuvo Jesús.
¡Qué mayor gloria se podría desear que recibir al Mesías!
La gente de su época lo recibió en el templo. Nosotros tenemos un privilegio mayor: la certeza de que su presencia nos habita si lo hemos recibido como nuestro Salvador y lo hemos reconocido como Señor.
Dios decidió darles a conocer este plan tan grande y maravilloso para todas las naciones, y que es el siguiente: Dios envió a Cristo, para que habite en ustedes y les dé la seguridad de que van a compartir el poder y la gloria de Dios.
Colosenses 1:27 (TLA)
En nuestra congregación, desde hace muchos años el pastor nos ha repetido un texto tantas veces que se ha grabado a fuego en nuestro corazón. Es el siguiente:
Pero les digo que UNO MAYOR QUE EL TEMPLO ESTÁ AQUÍ.
Mateo 12:6 (RVA2015)
(Énfasis del autor)
Que esta nueva etapa en la que el Espíritu está “agitando las aguas” nos encuentre con el corazón dispuesto, el ánimo pronto y la docilidad de espíritu para recibir su obrar.
Mónica Lemos
