Una iglesia con un gran futuro

Al oír estas enseñanzas, muchos de los que seguían a Jesús dijeron: —Esto que dice es muy difícil de aceptar; ¿quién puede hacerle caso? Jesús, dándose cuenta de lo que estaban murmurando, les preguntó:

—¿Esto les ofende?  ¿Qué pasaría entonces, si vieran al Hijo del hombre subir a donde antes estaba?  El espíritu es el que da vida; lo carnal no sirve para nada. Y las cosas que yo les he dicho son espíritu y vida. Pero todavía hay algunos de ustedes que no creen.

Es que Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién era el que lo iba a traicionar.  Y añadió: —Por esto les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.

Desde entonces, muchos de los que habían seguido a Jesús lo dejaron, y ya no andaban con él. 

Juan 6: 60-66 DHH

(Énfasis del autor)

Los que rodeaban a Jesús cambiaban todo el tiempo, estaban los que buscaban comida o sanidad, los que lo querían acusar y perseguir, los curiosos, incrédulos y siempre hubo quienes querían seguirlo, pero no pudieron aceptar el desafío y el compromiso. 

Esto mismo siempre ocurrió en la historia de la iglesia, a lo largo de dos milenios. En la historia del cristianismo están los que creen y después se retractan, los que creen después de probar otras creencias, los que creen por necesidad  y los que simplemente creen.

Es por esto que debemos ayudarnos unos a otros a perseverar y mantenernos unidos en la fe. Como amigos de Jesús, como iglesia, como comunidad es clave el animarnos y edificarnos mutuamente, sostenernos y alimentar la fe. Somos un cuerpo y por lo tanto dependemos unos de otros.

Dios quiere y necesita nuestra unidad para que los cambios, la renovación y el crecimiento se hagan visibles y reales en “La Casa del Padre”

Si alguien  planea  construir más habitaciones en su casa, y compra cuatro mil  ladrillos y los  mantiene apilados frente a su casa… solo están amontonados, pero para que cada ladrillo cumpla con su función el constructor tiene que ordenarlos y ubicar firme uno junto a otro, ubicarlos de manera que uno sea apoyo de otro… entonces así podrá construir algo nuevo. De lo contrario, los ladrillos son solo ladrilos, no cumplirían la función para la que fueron creados y  aunque estén apilados cuidadosamente, el tiempo y el clima los va rompiendo, desgastando y pierden su valor original.

Cuando la pared está firme y terminada ya nadie los puede robar o romper porque unidos están completos.

De la misma forma, si cada hermano de la comunidad encuentra su lugar de amor y de servicio podrá desarrolar su ministerio y nadie se sentirá fuera del plan o de la visión. Tu lugar y el mio en la congregación edifican a la iglesia y sostienen a quienes llegan. Así también se sentirán parte y responsables de la casa que Dios construye. Así muchos encontrarán un lugar seguro y se cobijarán en una casa donde habita la familia de Papá.

Juntos podemos seguir edificando y modelando nuestra casa, ajustando y hermoseando nuestra iglesia. Unidos podemos seguir abriendo las puertas a nuestra comunidad y seguir transformando vidas en Cristo… y extender nuestras estacas.

 

                                                                                                                             Ruth O. Herrera