Una mirada de amor

Entonces esas personas justas responderán: “Señor, ¿en qué momento te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos algo de beber, o te vimos como extranjero y te brindamos hospitalidad, o te vimos desnudo y te dimos ropa, o te vimos enfermo o en prisión, y te visitamos?”.

Y el Rey dirá: “Les digo la verdad, cuando hicieron alguna de estas cosas al más insignificante de estos, mis hermanos, ¡me lo hicieron a mí!”.

Mateo 25:37-40 NTV

(Énfasis del autor)

 

Como lo expresó Gandhi en una oportunidad: “Debemos vivir en nosotros mismos los cambios que queremos ver en el mundo”.

Un verdadero seguidor de Cristo no es ajeno a la crisis sociales, económicas y de educación de quienes lo rodean. El Evangelio de las Buenas Noticias nos provoca a la solidaridad y la empatía con los que sufren desigualdad. Estamos llamados a llorar con el que llora, reír con quien ríe, compartir el pan con el hambriento, abrigar a quien tiene frío: ser imitadores de Jesús.

Ser sus discípulos nos hace responsables del dolor ajeno. ¿Parece mucho, no? Pero de eso se trata el evangelio. Tenemos vida eterna y viviremos con cuerpos transformados en Su Presencia perfecta… pero la eternidad, el plan y propósito es ahora.

Me imagino la mirada de Jesús cuando me enfrente cara a cara y me pregunte:              ¿cómo está el mendigo de la esquina, el nene que no tenía zapatillas y la señora que viste llorar en la plaza? — ¡Ay… y ahora ¿qué digo?!

“No necesitamos ir a Nazaret, a Capernaum, y Betania para andar en las pisadas de Jesús. Hallaremos sus huellas al lado del lecho del enfermo, en los tugurios de la pobreza, en las atestadas calles de la gran ciudad, y en todo lugar donde haya corazones humanos que necesiten consuelo. Al hacer como Jesús hizo cuando estaba en la tierra, andaremos en sus pisadas”. Basado en un escrito de Walter Douglas.

Antes de terminar este devocional respondete estas preguntas. Después pedile al Espíritu Santo que te ayude a tener una renovada mirada de amor.

¿Realmente tengo que  ser yo guarda de mi hermano?   

¿Cuándo fue la última vez que lloré por el dolor de otro?

¿Fuera del ámbito de la iglesia, quién fue la última persona que se dio cuenta de que soy discípulo/a de Jesús? 

¿A quién ayudé o puedo ayudar hoy?

Las respuestas que des a estas preguntas son el claro reflejo de tu intimidad con Cristo.

Tres cosas hay que son permanentes: la fe, la esperanza y el amor; pero la más importante de las tres es el amor.

1° Corintios 13: 13 DHH

Buscá en tu entorno, tu barrio, tus contactos al “pequeñito, pequeñita” que está al alcance de tu mano, disponete a verlo con hechos concretos como Jesús lo ve.

“En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.

Mateo 25:40

Ruth O. Herrera