Una palabra…

El capitán le contestó: —Señor, no merezco que vayas a mi casa, pero tan sólo da la orden y mi siervo quedará sanado.

Mateo 8:8 PDT

No por hablar mucho se dice algo. 

Hay personas que hablan incansablemente para no decir nada. Algunas veces solo hablamos, pronunciamos, armamos frases, pero solo es eso. Y muchas veces el que menos habla dice más….

El centurión no necesitaba un espectáculo, ni frases grandilocuentes, o la cercanía del Señor para creer… “solo una palabra”. De manera absolutamente humilde manifestó que Jesús era el verdadero Rey. El amor hacia su sirviente exacerbó su fe, entonces  reconoció que la autoridad no está en el discurso, sí en el dador de la vida.

En ese momento llegó un hombre llamado Jairo, que era uno de los jefes de la sinagoga. Cuando Jairo vio a Jesús, se inclinó hasta el suelo y le rogó: —Mi hijita está a punto de morir. ¡Por favor, venga usted a mi casa y ponga sus manos sobre ella, para que se sane y pueda vivir!

Marcos 5: 22-23 TLA

En este relato, Jesús caminaba hacia una niña enferma, su familia lo esperaba. El padre desesperado lo buscó porque no era una situación sencilla. “¡Apurate, Jesús! ¡apurate, Jesús!” Se escuchaba en el camino. Aun así, el Señor hizo una pausa. Una mujer sin pronunciar palabra provocó un milagro silencioso.

Jesús se detuvo y solo pregunto: ¿quién me ha tocado? Solo cuatro palabras que cambiaron el destino de una mujer sin futuro. El silencio, las pocas palabras, una actitud sencilla, íntima, hasta imperceptible puede cambiar una vida.

Es un gran acto de amor detenerse por la necesidad del otro, aun ante quien puede ser desconocido, o alguien que de tanto ver no te detuviste a mirar, una persona que hace tiempo no te cruzás y que espera un abrazo, una mirada, tiempo. 

Cuando nuestra intención es llevar vida, es transmitir y alcanzar lo íntimo, lo importante es estar lleno de Dios para que, aunque solo digamos dos palabras, lleguen y hagan una obra en el corazón de aquel que necesita esa Palabra.

Evitemos el vicio de hablar o justificar nuestra fe, lo importante es que podamos entender que compartir el mensaje del evangelio no se trata de cargar una gran cantidad de palabras.

Una palabra… las personas necesitan una palabra de aceptación, de aprobación, de esperanza, de salud, de paz. Jesús es esa Palabra, Jesús es la Palabra Viva.

No estés distraído, esta semana podés cruzarte con la persona que necesita que le digas que Jesús la ama y cuando te detengas, vos vas a ser la expresión de ese amor.

No abundes en discursos, justificaciones, protocolos o palabras repetidas. Es por el mover del Espíritu que alguien conoce la Verdad; una vida que respalde un mensaje sin palabras.

 

 Ruth O. Herrera