Una tarea imprescindible

Además, cada mañana y cada tarde se presentaban delante del Señor para entonarle canciones de agradecimiento y alabanza

1° Crónicas 23: 30 (NTV)

Hace un tiempo escuché a un conferencista que se especializa en desarrollo personal recomendar que la gente lea biografías, él decía que leer historias de aquellos que se habían destacado en alguna disciplina era de suma utilidad para los que querían seguir desarrollando todo su potencial.

Por extraña que parezca mi asociación mental, inmediatamente pensé en que siempre me gustó leer la historia de las personas que la Biblia menciona, aprendo mucho de ellos. Me inspira asomarme a lo que quedó registrado de sus vidas, es como cuando en este tiempo miramos lo que postea alguien en sus redes sociales… nos da una idea de los temas que son de su interés, entre otras cosas.

La biografía del rey David siempre me muestra algún detalle interesante, nuevo, algo que hasta ahora no había descubierto y puedo seguir armando, como si fuera un rompecabezas mental, su derrotero de fe.

El texto que menciono hoy aparece en el libro de Crónicas, en el capítulo veintitrés y nos habla de que este pastor de ovejas que luego se convirtió en rey ya estaba muy viejo y había llevado una vida plena, eso significa la expresión “lleno de días”. Entonces hizo a Salomón rey de Israel y a continuación juntó a todos los jefes de Israel, a los sacerdotes y a los levitas y realizó un censo.

Hay una ocasión anterior en la que se menciona que David hizo un censo, fue antes de ir a una batalla y al Señor no le gustó porque estaba fuera de Su voluntad. Pero ahora, este hombre maduro adquirió la perspectiva correcta. Contó a la gente, pero para dedicarla al servicio del Señor en el templo y asignarles diferentes tareas.

Dios les había dado paz y el templo ya estaba construido, el pueblo tenía un lugar fijo donde ir a adorar y en el versículo 30 aparece una indicación que sobresale.

David designó levitas, para que ayudaran a los sacerdotes en distintas tareas que registró detalladamente. Entre ellos había un grupo encargado exclusivamente de ¡Dar gracias todos los días, a la mañana y a la tarde!

¿Por qué? ¿Cómo se le ocurrió? No soy exégeta ni teóloga, pero entiendo que si alguien tenía un corazón agradecido a Dios ese era David. Le había pasado de todo, su vida había ascendido hasta lo más alto a nivel social, había gobernado un pueblo y lo llevó a su esplendor, pero también experimentó muchos sufrimientos personales y familiares, la persecución, la muerte de un hijo, la traición de otro que quiso arrebatarle el trono. Y además de todo esto como rey muchas veces quiso librar batallas haciendo cálculos puramente humanos, como el primer censo que mencioné antes.

Sin embargo experimentó en primera persona la fidelidad, la provisión y el perdón del Señor durante todas esas experiencias.

Esta vez el recuento de personas se enfocó en la dirección correcta y estoy segura de que Dios se alegró de que su corazón estuviera enfocado en establecer personas que ministraran en toda la obra de la Casa de Dios.

¿Qué significa dar gracias? Pensemos juntos… En primer lugar no dar nada por sentado, no creer que todo lo que uno tiene lo ganó con su esfuerzo o por sus capacidades, en segundo lugar muestra que dependemos de Dios y que lo percibimos, podemos reconocer su mano de bondad en todos los detalles de nuestra vida.

Los habitantes de Israel a los que Salomón gobernó cada vez que entraban al templo escuchaban a los levitas dar gracias a Dios.

Estos levitas eran jefes de familias. Actualmente los jefes de familias pueden ser varones o mujeres, la cultura cambió, pero hay verdades que fueron registradas para bendecirnos y siguen tan vigentes hoy como entonces. Si sos jefe de familia tenés el desafío de realizar una tarea imprescindible

Los levitas tenían que cumplir con su obligación de alabar y dar gracias al Señor cada mañana y cada tarde

1° Crónicas 23:30 (PDT)

Ellos tenían la obligación. Vos y yo tenemos la posibilidad, el privilegio y muchos motivos más para hacerlo. Es una hermosa tarea que podemos hacer como adoradores. ¿Te sumás?

Mónica Lemos