Cada vez que los israelitas tenían algo sembrado, venían los madianitas, los amalecitas y la gente del este, y los atacaban; acampaban en los territorios de los israelitas y destruían sus cosechas, y además se llevaban sus ovejas, sus bueyes y sus burros. No les dejaban nada que comer. Eran tantos los que venían con sus camellos, que no se podían contar. Parecían una plaga de saltamontes, pues todo lo destruían y hacían sufrir mucho a los israelitas. Esto mismo pasaba en la región de la costa cercana a Gaza.
Jueces 6:3-6 TLA
Gedeón creció en una familia común y pobre, sintiéndose alguien insignificante. Pero Dios lo sorprendió y lo describió como alguien especial, digno de confianza y valor. Me imagino su cara de sorpresa… ¿estoy alucinando? ¿Qué significa lo que escucho?
El muchacho campesino no creyó totalmente en lo que Dios le decía y puso muchas excusas y pidió pruebas.
Pasó por un proceso de cambio que le costó mucho entender, ¿cómo Dios puede equivocarse tanto?
Pero después de ese período difícil en el que tenía que negarse a ser mediocre aceptó la transformación hasta ser un hebreo extraordinario.
En el transcurso de su gran cambio dudó y le pidió a Dios pruebas… ¡Sí! Pruebas de que Dios era realmente Dios.
Así que el hombre, finito, chiquito y con una vida frágil precisa creer, identificar y ver demostraciones del poder de Dios para afianzar su fe. Es parte de la condición humana y de nuestra naturaleza necesitar la certeza de que alguien superior o más fuerte nos rodea. Creemos en su amor, pero ese amor parece profundizarse ante una demostración concreta de poder y de milagros.
La duda que expone este relato no le pertenece solo a Gedeón, creo que vos y yo no somos diferentes cuando Papá nos expone a sus planes y nos vemos incapaces o dudamos.
Después de las pruebas que le pidió Gedeón a Dios tuvo libertad para creer en lo que Dios le decía. Dice La Palabra literalmente en hebreo que cuando creyó… “El Espíritu de Dios se vistió con Gedeón”. Lo que experimentó el muchacho es un misterio…
El Espíritu Santo que vive en vos se viste con tu cuerpo, tu ropa y entonces empezás a verte diferente, pero lo que es más extraordinario es que los demás te van a ver diferente porque algo de Dios empieza a aparecer en tu vida.
A partir de ese momento Gedeón comenzó a “andar de gloria en gloria”, no porque Dios le dio la victoria y seguramente su fama se extendió, ni porque cambió de tal manera que fue mutado como en otra persona. Tampoco por ser considerado como juez en el pueblo; sino porque su vida tuvo una “absoluta certeza de quién era Dios”
El diccionario bíblico acerca del término gloria expresa: «Gloria es lo que tiene peso, lo que da peso o importancia, lo que impone, da prestigio o autoridad, lo que da honra»
Cuando La Biblia habla de la gloria de Dios se refiere a la majestad de Dios. Por eso cuando decimos «gloria a Dios» no debiéramos decirlo a la ligera y como un cliché porque en realidad expresa la importancia y el peso que tiene Dios en nuestras vidas.
Una relación en la que el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios y de que podemos llamarlo Papito y Él va a responder como Papá.
Dios nos tiene tallados en sus manos, y no hay manera de que nos abandone.
Tu vida tiene importancia vital para Dios, y de allí se desprende la importancia que debe tener para vos mismo el poseer la experiencia de ir de gloria en gloria. Ser transformado/a hasta que tu vida tenga peso.
No vas a pasar desapercibido/a porque tu vida será trascendente.
Pastores Hugo y Ruth Herrera
