Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación.
Romanos 15:1 y 2 (RVR60)
Este pasaje continúa un tema del que Pablo hablaba en el capítulo anterior. Se trata de la actitud que debemos tener hacia los que consideramos más débiles en la fe. Los ejemplos que pone son los de la comida, la bebida y los días que se consideraban especiales. Muchos cristianos venían de otro contexto cultural y espiritual y todavía conservaban sus costumbres. Era algo lógico. Por eso el apóstol quería dejar establecido qué cosas eran realmente prioridad y cuáles eran, por así decirlo, cuestión de opiniones diferentes.
Las tradiciones no eran lo fundamental. Lo verdaderamente importante era que estos hermanos renunciaran a juzgar a los demás y pusieran toda su atención en guardar la armonía de la familia espiritual. ¿De qué manera? Lo más importante es actuar de tal modo que todos sean edificados.
Para hacer realidad su consejo de que “los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos” hace falta renunciar al egoísmo y madurar. La madurez se manifiesta en una comunidad cuando cada uno está dispuesto a correrse del lugar de juez. El término “débil” hasta puede resultar chocante porque coloca al que lo pronuncia en un lugar de supuesta superioridad espiritual. ¡Algo realmente carnal!
Todos tenemos áreas fuertes y otras débiles. Precisamente la seguridad en las convicciones del hijo del Señor se manifiesta en hechos concretos, como por ejemplo en estar dispuesto a poner a otros en primer lugar y agradarlos en lo que es bueno, en lo que les permite crecer en su vida espiritual.
Tal vez te parezca que este tema no es aplicable en la actualidad, pero sin embargo suele existir en nuestras comunidades de fe ciertas tradiciones no escritas, que clasifican la madurez y la debilidad de acuerdo con criterios puramente externos, un molde religioso. Si no entrás en el molde podés ser blanco de críticas.
Los tiempos cambian y las costumbres también. Hoy posiblemente no tengamos problemas con las comidas o los días sagrados, pero de manera sutil juzgamos y a veces desvalorizamos a otros por cuestiones que son solo diferencias de opinión.
Para resumir podríamos decir que el centro del mensaje es ¡dejen de criticar al hermano!
Todos servimos al mismo Señor y andar conforme al amor también es servir a Cristo.
Por eso, por amor a Papá decido valorar a quienes Él valora, defenderlos en lugar de criticarlos, facilitar su crecimiento en lugar de convertirme en obstáculo. Acciones aparentemente sencillas manifiestan el reino en la familia.
Otra versión de Romanos 15 hace más comprensible esta enseñanza:
Nosotros, los que sí sabemos lo que Dios quiere, no debemos pensar sólo en lo que es bueno para nosotros mismos. Más bien, debemos ayudar a los que todavía no tienen esa seguridad. Todos debemos apoyar a los demás, y buscar su bien. Así los ayudaremos a confiar más en Dios.
Romanos 15:1 y 2 (TLA)
(Énfasis del autor)
Los grandes cambios comienzan con pequeños pasos. Pensá qué podés hacer hoy para fortalecer el sentido de comunidad en el lugar donde el Señor te puso.
Amar, valorar, afirmar, agradecer, ayudar, cuidar… afianzan los vínculos de una forma mucho más eficaz que cualquier técnica humana para trabajar en equipo.
Mónica Lemos
