Ve y haz tú lo mismo.

Un hombre iba por el camino de Jerusalén a Jericó, y unos bandidos lo asaltaron y le quitaron hasta la ropa; lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote pasaba por el mismo camino; pero al verlo, dio un rodeo y siguió adelante. También un levita llegó a aquel lugar, y cuando lo vio, dio un rodeo y siguió adelante. Pero un hombre de Samaria que viajaba por el mismo camino, al verlo, sintió compasión. Se acercó a él, le curó las heridas con aceite y vino, y le puso vendas. Luego lo subió en su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. Al día siguiente, el samaritano sacó el equivalente al salario de dos días, se lo dio al dueño del alojamiento y le dijo: ‘Cuide a este hombre, y si gasta usted algo más, yo se lo pagaré cuando vuelva.’  Pues bien, ¿cuál de esos tres te parece que se hizo prójimo del hombre asaltado por los bandidos?

El maestro de la ley contestó: El que tuvo compasión de él.  Jesús le dijo: Pues ve y haz tú lo mismo.

Lucas 10:30-36 DHH

 

Conocés este relato de principio a fin… ¿verdad? Y… ¿qué tiene que ver con tu propia historia?

Nuestra existencia tiene que ver con nuestra historia y con quienes nos dieron la vida, nos formaron y educaron; en esta idea, Pablo habla de Dios como nuestro Padre, alguien que nos marca, que plasma en nosotros su identidad, nos enseña, alimenta, y nos forja como verdaderos hijos.

 

A esto se refirió Jesús cuando lo indagaron acerca del amor al prójimo, y relató una historia con un claro mensaje de qué clase de familia e iglesia Dios desea.

En ese relato quienes eran representantes de la iglesia no se detuvieron ni manifestaron misericordia para alguien que estaba en desgracia, herido y maltratado. Pero un don nadie, alguien que no era identificado con la fe, lo recogió, atendió, y cuidó, se hizo cargo y tomó el rol del padre.

 

¿Quién es mi prójimo? ¿A quién debo amar? La pregunta del escriba que escuchaba la historia recibió una respuesta dura y directa. Jesús, sabiamente le respondió con otra pregunta… ¿Quién crees que se hizo prójimo, hermano, padre? El Maestro no le habló de algo sobrenatural, sino de una actitud instalada en uno mismo.

A esto me referí al comenzar el devocional con una pregunta que, expresada de otra manera, es la misma que Jesús le hizo al escriba que trataba de no saber la respuesta.

 

Desde hace años como iglesia deseamos no solo saber la respuesta a la pregunta de Jesús sino también ponerla en evidencia con nuestros actos, identidad y cercanía con los demás. Trabajamos para eso.

Entendemos que somos hijos y discípulos y eso marca y atraviesa el nombre de nuestro ministerio: “La Casa del Padre”. Una congregación que entiende a Dios como Papá de manera absoluta, y nos hace identificarnos y vernos unos a otros como prójimos, familia, como hermanos para convivir, amar, perdonar, y disfrutar… porque es más bienaventurado dar que recibir.

 

Por eso cada día deberíamos preguntarnos ¿quién es hoy mi prójimo? Mirar alrededor y reconocer a los que están heridos, lastimados, solos, abandonados.

Así definimos visiblemente qué clase de hijos vamos a ser.

 

Y vos… ¿sos un hijo que muestra la clase de Padre que tiene? Él quiere que seas verdaderamente su hijo para llenarte de su identidad.

 

Jesús, como si terminara de relatarte la historia mencionada te dice hoy: ¡Ve tú y haz lo mismo!

 

Ruth O. Herrera