Una vez, Jesús estaba orando en un lugar; cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: —Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos.
Lucas 11: 2 DHH
Los discípulos del Señor tenían mucho que aprender, al igual que nosotros, y al observar a Jesús orando nació en ellos el deseo de pedirle “enséñanos a orar” y Jesús inmediatamente volvió a involucrarlos en el aprendizaje de la vida plena.
No solo era un método de oración, más bien los guió a adorar y a reconocer la soberanía del Padre.
Los discípulos tardarían mucho más en vivir la plenitud del Reino del que trata esta oración. Es una declaración que en pocas frases encierra el evangelio completo.
“Necesitan entregarse a la soberanía del Rey de reyes”. Someterse a la obra transformadora del Espíritu Santo para poder no ceder a las tentaciones, depender de la provisión de Dios… perdonar más allá de sus buenas intenciones.
Pedir que venga Su reino y que se haga Su voluntad en la tierra como en el cielo es sinónimo de rendición absoluta.
¿Cómo se hace la voluntad del Señor en el cielo? De manera perfecta. Dios gobierna sus ejércitos celestiales y ellos ejecutan sus órdenes. La belleza, la perfección, la armonía plena existe en el cielo porque allí solo el Rey gobierna todo.
En La Casa del Padre hay un renuevo en este tiempo en la oración e intercesión. Papá nos está invitando a una intimidad más profunda con Él. Está poniendo ese deseo en jóvenes, adultos y niños de intimar con el Espíritu Santo y entonces someter la voluntad propia a la del Padre.
“Enseñanos a orar”… ¿Por qué tenemos que pedírselo? Porque Él quiere expresar Su reinado a través de su iglesia, que somos vos y yo. Si Cristo en nuestra vida es Rey y su voluntad se hace en nosotros, esa misma voluntad se traslada a los ámbitos donde nos movemos y trastoca desde lo espiritual las realidades sociales cotidianas.
Jesús nos enseña a pedir que la voluntad perfecta del Padre se cumpla en la tierra como en el cielo de manera dinámica y permanente.
Este deseo, este pedido debe ser declarado en nuestra iglesia… y nos preparamos en cada grupo, cada área, cada encuentro. Es el momento ideal para poner manos a la obra, estamos en la brecha para que se haga realidad entre nosotros.
Te proponemos buscar un compañero de oración; participar de los tiempos de intercesión de la iglesia; mantener el vínculo a través de WhatsApp y de las redes. Son maneras concretas y diarias de atraer el Reino a la tierra. No pierdas tu oportunidad de ligarte a la iglesia y desatar la voluntad perfecta del cielo.
Ruth O. Herrera
