Verdad y amor

 Sino que hablando la verdad en amor, crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza, es decir, Cristo.

 Efesios 4:15 LBLA

(Énfasis del autor)

¡Qué complicado que es combinar la verdad con el amor!  A veces en nuestro deseo de ser sinceros y decir la verdad podemos arrojársela en la cara a otro. ¿Nunca te dieron ganas de decirle unas cuantas verdades a alguien? A mí sí. Podemos justificar esas ganas y pensar que necesita escucharlas para cambiar, pero detrás de nuestro argumento la mayoría de las veces se asoma de modo sutil un deseo de venganza; orgullo herido; injusticias reiteradas o simplemente prejuicio. Todos somos diferentes y no es fácil convivir con las diferencias y armonizarlas.

Como decía el Salmista

¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos.

Salmos 19:12 RVR60

Oscilamos entre ser amorosos y ser sinceros. Tal vez no lo digamos, pero en el fondo creemos que son opuestos. Para colmo, a menudo la vida nos pone a prueba…

Hace años alguien me dijo: algunos piensan que trato a los demás de cierta manera, quiero tu opinión al respecto. Se la dí, fui sincera y creí que también había sido delicada. No obstante su mirada me indicó que algo no estaba bien. Inmediatamente respondió: Le hice esta misma pregunta a otras tres personas y me dijeron (lo que en realidad esta persona quería escuchar)”.  Para que tengas el cuadro completo te comento que el que pidió mi opinión era uno de mis jefes y le había hecho la misma pregunta a otros empleados.

Al otro día compartí mi experiencia con una amiga. Yo sentía que mis compañeros, por quedar bien, no habían sido sinceros. Por otra parte, yo dije la verdad, pero soy consciente de que en ese momento se agolparon en mi mente numerosos recuerdos que influyeron mucho en lo que contesté. Es decir, mi respuesta, si bien era cierta, no era del todo objetiva.

Jesús era experto en el arte de decir la verdad y al mismo tiempo expresar amor auténtico. A diferencia de nosotros, no tenía necesidad de defenderse ni de agradar. Si se enojaba, era por las injusticias que se cometían contra otros, especialmente con los más vulnerables.

Todos nosotros, como seres humanos, tenemos la necesidad de agradar.  Antes de que pienses que vos no, detenete un minuto… tal vez lo que cambia es a quiénes querés agradar, pero nadie es inmune a esta necesidad. Y eso puede distorsionar nuestras percepciones.

Jesús solo quería agradar a Su Padre. Nosotros solemos tener un círculo un poco más amplio y si surge alguna conversación que nos interpela, podemos optar por decir algunas frases generales por cortesía o estar dispuestos a pagar el precio de decir la verdad.

La primera opción nos exime de problemas. Nos deslizamos cómodamente sobre la superficie, endulzamos oídos, obramos con astucia y seguimos nuestro camino. 

La segunda opción tampoco está exenta de trampas, podemos caer en sincericidio.

Solo cuando somos capaces de hablar la verdad en amor podemos crecer en Cristo y edificarnos mutuamente.  Las personas necesitan que las amemos lo suficiente como para arriesgarnos a decirles la verdad de la forma en la que necesitan escucharla. 

Nosotros, a la vez, debemos tener muy presente que los cambios verdaderos solo los produce el Espíritu Santo que es único que guía a toda verdad.

Antes de hablar tengo que pedir la sabiduría amorosa de Papá para poder expresarme como conviene.

El amor no se alegra de la injusticia sino que se alegra cuando la verdad triunfa.

1° Corintios 13: 6 NTV

(Énfasis del autor)

 

Mónica Lemos