Vida en plenitud

El último día de la fiesta de las enramadas era el más importante. Ese día, Jesús se puso en pie y dijo con voz fuerte: «El que tenga sed, venga a mí.  Ríos de agua viva brotarán del corazón de los que creen en mí. 

Juan 7: 37-38 TLA

La fiesta de “las enramadas” o “las cosechas” era muy particular porque duraba varios días. En las casas a veces se armaba un tipo de gazebo o toldo afuera y allí se invitaba a comer a vecinos y amigos recordando que Dios siempre les proveyó y siempre fue fiel, dándoles más de lo que necesitaban.

«Di a los israelitas lo siguiente: El día quince del mismo mes séptimo, y durante siete días, se celebrará la fiesta de las Enramadas en honor del Señor… 

Levítico 23: 34 RV

Durante esos días el sacerdote en un ritual muy interesante llevaba una jarra de oro que cargaba con agua y la derramaba 7 veces alrededor del altar dando gracias a Dios por la provisión del agua que consideraban como sustento para la vida. 

Este es el contexto en el que Jesús dice: “El que tenga sed venga a mí, beba agua de vida plena, y no tendrá sed jamás”

Fue en medio de esta fiesta que Jesús comenzó a enseñar en el templo con un nivel tal que la gente se acercaba asombrada porque hablaba como verdadera autoridad.

Es el evangelio de Juan que destaca este evento diciendo: “en el último y gran día”, Jesús ofrece agua eterna.

Fue tremendo y provocador el ofrecimiento de Jesús en un día en el que el pueblo se reunía a celebrar y agradecer los cuidados de Dios. Él atrae la atención ofreciendo algo mejor de lo que conocían, “una vida nueva”.

Al hablar en ese momento le dio la oportunidad de que lo escucharan los hebreos que cumplían con sus fiestas y rituales, aquellos que tenían una vida religiosa activa. Sin dudas su propuesta era muy atractiva, aunque no todos podrían entenderla.

Su Palabra era la que verdaderamente representaba el corazón del Dios a quien celebraban.

Jesús dejo planteado su ofrecimiento y si te decidís y trabajas interiormente capitalizando lo que Dios te ofrece cada día el Espíritu Santo puede brotar y rebalsar tu vida con su obrar

Vos y yo escuchamos muchas veces y conocemos este pasaje, pero la desbordante vida del Espíritu en nosotros generalmente es escasa… o muy escasa.

De verdad todos necesitamos que Jesucristo en este tiempo alce la voz y Su Palabra sea más fuerte que la voz de los predicadores y que las iglesias. Necesitamos escuchar la fortaleza de la voz de Cristo en nuestra vida.

Tu vida y la mía se tienen que llenar de Su Palabra que es la palabra de Jesucristo quien alza su voz por vos y si crees tus días cambiaran progresivamente.

Ir a ese nivel donde el escuchar a Jesús y reconocer su voz provoque “vida en plenitud”

Ruth O. Herrera