Viva y eficaz

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Hebreos 4.12 (RVR60)

(Énfasis del autor)

 

En los tiempos bíblicos las personas estaban diariamente en contacto directo con la naturaleza. Era su fuente de subsistencia. Cuidaban animales, sembraban, cosechaban. Tenían que respetar las estaciones del año. No se podía sembrar determinadas semillas en cualquier estación y esperar que la cosecha se produjera, porque si el tiempo no era el adecuado simplemente las semillas no germinaban ni nacía ninguna planta.  Estaban  acostumbrados a respetar los procesos naturales,  a esperar, a depender.

Por eso la mayoría de las enseñanzas de la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento utilizan comparaciones con la naturaleza.

El texto de Hebreos 4:12 dice que la palabra de Dios es viva y eficaz, cumple lo que Él quiere que haga. En este sentido recuerda el lenguaje poético de Isaías, cuando dice

 

Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come,  así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

Isaías 55: 10-11 (RVR60)

 

La lluvia y la nieve no caen a tierra para luego regresar a su origen. La riegan y hace que las semillas germinen y produzcan fruto. Del mismo modo, la palabra de Dios no es un sonido que cae al vacío o resuena como eco. No vuelve a Él. Produce efecto,   es eficaz para lograr el propósito que el Creador tiene con ella. Se sujeta a su autoridad, hacen lo que Él desea.  

 

La Escritura puede ser letra muerta si el lector no está dispuesto a que el Espíritu la vivifique. Por eso es fundamental leerla y estudiarla en actitud de oración y dependencia del Espíritu. Prepararnos y abrir nuestra mente para dejar que nos hable.

 

Aunque conocer La Biblia no es suficiente, hace falta pedirle a Papá que nos dé el deseo y la voluntad para obedecerla. La lectura puede ilustrarnos pero la transformación y el proceso de sanidad, santidad y salvación se provocan al habilitar voluntariamente al Espíritu Santo a que nos transforme.

 

Conocer la Palabra debe dar como resultado conocer a Cristo, su persona y su obra de amor eterno. Él es quien provocó que los cielos sean abiertos y la salvación sea real. De Él habla y describe las Escrituras.

 

Jesús es el Verbo… la Palabra hecha carne que es práctica,  viva y eficaz.

 

El enemigo conoce La Palabra, sin embargo no la obedece, la tuerce y la utiliza para sus propios fines, desvirtuar la voz de Dios hasta hacernos creer que Papá no se interesa por nosotros. Lo intentó con Jesús ¿te acordás? Cuando Cristo fue al desierto, luego de pasar cuarenta días sin alimento lo tentó diciendo que si era hijo de Dios le dijera a las piedras que se convirtieran en pan…

 

Ni siquiera el enemigo tiene efecto al susurrar sus mentiras o soplar en tu oído palabras que aparentemente son bíblicas cuando si estás alimentado realmente de la Palabra… la voz de Dios.

Y aun cuando otras voces la interpreten falsamente o tuerzan la  Verdad, el Espíritu fluyendo en vos  te dará luz para seguir firme.

 

Si estás atravesando un tiempo difícil, pedile a Papá que te dé el discernimiento necesario para distinguir Su palabra entre todas las demás voces.

En tus peores momentos cuando la angustia y la carencia te rodeen el conocer y recordar las promesas de Dios será vehículo de esperanza.