Volver todos los días

Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
Mateo 6: 6 RV 1960

Dios nos creó por amor y nos busca por amor. Él desea nuestra compañía insistentemente. Así es que Jesús tomó forma de hombre y habitó como un mortal para mostrar en carne propia la necesidad que hombres y mujeres tienen de vivir en comunión con el Padre.

Los judíos devotos tenían momentos especiales para la oración diaria: a las 9 de la mañana, a las 12 de mediodía y a las 3 de la tarde. En esos horarios, en cualquier lugar donde estuvieran, obligatoriamente debían orar.
Se consideraba que el orar en la sinagoga tenía otro efecto, y esta costumbre estaba internalizada en la primera iglesia y en los discípulos.

Pero Jesús puso el énfasis en la comunión íntima antes que en las costumbres o ritos.
Es innegable que la oración y la adoración comunitaria son absolutamente necesarias y son vehículo del obrar del Espíritu en el cuerpo de Cristo, pero sin una relación de intimidad y amistad personal, el crecimiento del cristiano es parcial e incompleto.

Jesús mismo se alejaba para orar y pasaba tiempo disfrutando su amistad con el Padre, y sus discípulos veían diariamente cómo se nutría en esa relación.
Tramitaba con su Padre los milagros y su manifiesto poder. Como resultado, cada minuto en la intimidad con Dios era invertido luego en sus discípulos y en las multitudes.

Muchas veces en nuestra iglesia hemos hablado tratando de traducir o discernir ¿qué es ir a la presencia de Dios, tener intimidad con Dios? y ¿qué sucede allí?, ¿cuáles son los pasos que debemos dar para vivir en esa intimidad?

Es básico y no hay fórmulas. La intimidad con Dios es una necesidad y una decisión personal de “volver”… Tomar tiempo para la amistad con Papá, ser transformados un día a la vez y constantemente.
Jesús desestimó las rutinas de aquellos que tenían un formato pero solo por tradición. Enseñó de forma simple y profunda…

Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
Mateo 22:37 RV 1960

Todo… es todo.

Jesús vino para desatar la transformación visible de manera completa, sanarnos en cuerpo, alma y espíritu, pero esto es posible si lo amamos con todo… cada día en Su Presencia determina el mañana, nos capacita para creer y desarrollar la fe y “permanecer”
La actitud que tengas hoy con Dios resuelve el mañana.

Dios está interesado en tu vida, pero tenés que tener tiempo a solas con Él, traerle todas las cargas, saber cuáles son tus verdaderas motivaciones y darte tiempo para oírlo…

Siempre pensamos que necesitamos de Dios sin entender que Dios necesita a sus hijos y desea su compañía.
El Señor te necesita, quiere que estés presente y tengas tiempo para Él.
Después de estar con Papá y en intimidad seguimos siendo transformados, se gesta nuestro carácter y madura nuestro ministerio.

Hay un momento cada día en el que Papá te está esperando. Él desea oír tu voz y que escuches la suya.
No vayas con una lista de necesidades como quien va al mercado… dale tiempo… Él quiere que hoy escuches Su voz
Ruth O. Herrera