Yo estoy…

 —Tiren la red a la derecha de la barca, y pescarán algo. Así lo hicieron, y era tal la cantidad de pescados que ya no podían sacar la red. — ¡Es el Señor! —dijo a Pedro el discípulo a quien Jesús amaba. Tan pronto como Simón Pedro le oyó decir: «Es el Señor», se puso la ropa, pues estaba semidesnudo, y se tiró al agua.

Juan 21:6-7 NVI

Pedro volvió de nuevo con sus socios, como si los últimos tres años hubieran perdido el valor. ¿Saben haciendo qué? Pescando. Volvieron tres años atrás. Como si hubiera sido una farsa todo eso, rebobinaron y fueron al punto anterior en el cual ellos suponían que tenían control de sus vidas.

¿Te pasó alguna vez que te la mandaste toda, te equivocaste? A veces nos equivocamos intencionalmente, pero muchas otras veces nos equivocamos sin intención y el corazón nuestro se lastima, se duele porque actuamos con imprudencia y  nos termina pasando que  quebramos nuestra relación con Dios.

El Señor no cambia. Nosotros somos los que tomamos distancia, los que decimos  ¡ay, el Señor no pudo hacer nada con esto! ¿Cómo el Señor va a hacer algo conmigo si yo lo acabo de negar, si  me corrí de mis valores y de mis convicciones? ¿Qué va a hacer el Señor conmigo? Y el Señor viene una vez, viene una segunda vez y viene una tercera vez.

Jesús se encuentra con Pedro y es fantástico porque estando ellos pescando, misma situación de hace 3 años, misma circunstancia no habían pescado nada aunque habían trabajado toda la noche. Eso que  da seguridad fuera del Señor no da nunca resultado. Esa circunstancia que vos suponés que te va a dar estabilidad, tal vez refugiarte en el trabajo, refugiarte en la familia, tal vez volver a una instancia anterior a tu matrimonio porque decís me equivoqué y  perdí el eje cuando me casé o cuando tuve a mis hijos…

Entonces, negamos nuestra historia  y paramos, tratamos de volver atrás y eso no va a producir nada porque no somos los mismos. 

Cuando conocimos a Jesús, cuando le dimos el lugar en nuestro corazón el Espíritu Santo vino y selló nuestras vidas  y  hay un propósito eterno el cual insistentemente va a provocar. O sea que nada te va a satisfacer hasta que te puedas acercar de nuevo, entender, traer a conciencia y al tiempo actual tu llamado y tu propósito, no vas a poder detener esa obra porque la obra es del Señor y va a ser perfeccionada.

Ahora, posiblemente lo que te pase es que vas a estar muy contrariado porque todo lo que ves, es más,  el Señor va a bendecir a tu entorno, va a haber misericordia derramada alrededor tuyo pero no vas a poder ser testigo, vas a ver que hay bendición alrededor tuyo y vas a decir ¿por qué conmigo no? 

Pastor Cristian Centeno

Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos.

                                                                   Hebreos 13: 8 RVC

En nuestra iglesia muchas veces escuchamos las frases: “lo único permanente es el cambio”, y también: “Dios no cambia de opinión”. Una clara y contundente verdad que describe dos naturalezas opuestas.

Todos somos de una u otra manera inestables, cambiantes, inseguros, pero “Jesús es el mismo hoy, ayer y por los siglos.” ¡Qué paz me da esta verdad! No cambia su esencia ni su decisión de perdonar lo que es injusto o imperdonable. Insiste y espera… 

Apocalipsis 3:20 lo describe de manera espectacular: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo”. Un presente continuo… “Yo estoy.” 

En la pandemia era difícil hacer las compras y más de uno incursionamos en el método 

online, algo para mí casi desconocido. De a poco fui perdiendo la desconfianza de que no llegara el pedido, pero hay algo que no puedo resolver y es… si no responde rápido su pedido regresara a su lugar de origen. ¿Te pasó alguna vez? La impaciencia del cartero es muchas veces intolerable, toca y toca el timbre o simplemente al primer intento se va. El tener que ir de una entrega a otra en el menor tiempo es la consigna.

Pero Jesús no se parece a ese cartero impaciente. Él está. Él llama…

“Yo estoy.” Jesús no conjuga en pasado y esa es nuestra mejor oportunidad, el regalo de un amor permanente y constante.

Ruth O. Herrera